Manuel Orío
Canto a la amistad entre rejas
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Ya he perdido la cuenta de las veces que he recordado que, aparte de Bernardo González del Valle, “Cachamuiña”, que era oficial de la milicia, y no del ejército regular, que en la leyenda histórica sobre la “Reconquista” de Vigo el 28 de marzo de 1809, se olvida a otros ourensanos, del Regimiento Provincial de Ourense, que formaba parte de la guarnición de la ciudad olívica. Ya he recordado que en aquella interesante revista que editaba CaixaOuerense, se publicó un trabajo de José Ramón Estévez Pérez y Luis Cid, de enorme calidad, sobre el Regimiento de milicias provinciales de Ouerense que, entre otros destinos diversos, estuvo de guarnición en la ciudad de Vigo. Pocas gentes lo saben; es decir, que la guarnición de esta ciudad, que ya era importante puerto, estaba formada no propiamente por el Ejército Regular, sino por el paisanaje enrolando en el regimiento provincial de Ourense.
Y no recuerdo ni una sola vez, ni a los que editan el pregón de la recuperación de la ciudad ni mucho menos al actual alcalde, Abel Caballero, aparte de los tópicos de siempre recordar al paisanaje ourensano destacado aquí. Como saben, en aquellos tiempos, las unidades militares o de defensa eran de dos tipos: los Regimientos del Rey y los Provinciales, que venían a ser una especie de guardia nacional, pero que, a la hora de la verdad, combatían en primera línea como los demás. En 1808, este regimiento de ourensanos estaba formado por 584 hombres. Según diversos estudios de uniformología, los provinciales vestían de blanco, si bien también se refiere a los ourensanos con uniforme azul. El famoso héroe local, Bernardo González del Valle, ourensano de pro, era un provincial. Por cierto, que los borbones también alistaban mercenarios extranjeros.
Estos ourensanos de los que hablo debían de ser gente brava y ruidosa, pues cuando atacaron Villafranca, la guarnición francesa creyó que se enfrentaba a un gran ejército por la bulla que armaban y finalmente los orgullosos granaderos franceses de vistosos uniformes, en número de mil, se rindieron a aquellos paisanos gallegos, especialmente ourensanos. En la crónica de las campañas de los provinciales de Ourense, dentro del Ejército del Marqués de la Romana, como detalla en el trabajo histórico de referencia de José Ramón Estévez, se cita otra acción memorable de los provinciales de Ourense en la localidad de Tamames, Salamanca, donde se enfrentaron el 18 de octubre de 1809 a las tropas del mariscal Ney, que era uno de los favoritos de Napoleón.
El Ejército puso a disposición un armón de Artillería para el traslado y las crónicas cuentan que todo Vigo estuvo en la calle. Pero parece que se olvidaron de los otros ourensanos.
Pero es que aparte del olvido de los provinciales de Ourense, tampoco Cachamuiña recibió ni la paga ni el agradecimiento adecuado. He tenido en mis manos en el Pazo de Castrelos algún documento que allí se guarda con la firma del ilustre ourensano. Después de anda en la guerra, Bernardo González del Valle regresó a su solar natal en 1811. Como se sabe tardaron 17 en en reconocerle la pensión de invalidez que le correspondiera. Fallecido en 1848, fue enterrado en el cementerio de Prexigueiro, en el Concello de Pereiro de Aguiar. Muchos años después. Por iniciativa del Centro de Hijos de Vigo, que presidía Manuel Canella, se llevó a cabo una campaña para trasladar sus restos a Pereiró. La familia accedió y el 8 de agosto de 1932, con toda pompa, se procedió al traslado. Los despojos contenidos en una arqueta, fueron velados en la catedral de Ourense, donde el prelado dijo una misa solemne. Cachamuiña fue recogido en aquella ciudad y se trasladó a Vigo, no sin antes ser despedido solemnemente en la plaza mayor de Ourense, al tiempo que el diputado Basilio Álvarez, glosaba al héroe con uno de sus encendidos discursos. Cuenta la crónica que, ante la ausencia municipal en el evento, asumió todo el protagonismo el Centro de Hijos de Vigo, que luego cambiaría su nombre por el de Centro Vigués, que organizó un recorrido para que los ciudadanos pudieran rendir homenaje al héroe de la Reconquista. El Ejército puso a disposición un armón de Artillería para el traslado y las crónicas cuentan que todo Vigo estuvo en la calle. Pero parece que se olvidaron de los otros ourensanos.
Y al día de la fecha, no me consta que el fervor de la fiesta popular, que cada año crece en contenido, no recuerdo desde que tengo memoria que se haya recordado a los otros paisanos de por aquí, a aquellos milicianos provinciales a los que, sin duda, Vigo está en deuda, al menos de su memoria.
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