Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A realidade supera á ficción
Cuando Rodríguez Zapatero inauguró la segunda legislatura como presidente del Gobierno, tomó la decisión de desmantelar el Ministerio de Educación y Ciencia para repartir sus competencias entre otros dos de nueva creación: el de Educación, Política Social y Deportes y el de Ciencia e Innovación. A partir de esta nueva estructuración no hacía falta ser profeta ni sibila para predecir el fracaso que esto iba a suponer. Han sido muchas las voces autorizadas que han venido denunciando la insensatez de convertir la educación obligatoria y el bachillerato en asunto social, a la vez que se desgajaba la enseñanza universitaria del tronco común. Personalmente he insistido en que la Educación es la piedra angular de un país y, por lo tanto, merece que la Administración la dote de manera definitiva de un marco legal sólido y de los suficientes recursos que le permitan llevar a cabo la tarea educativa de manera eficaz. Para ello, he abogado por un Pacto Nacional por la Educación que lleve a un consenso amplio y auténtico, aspectos de los que ha carecido la actual Ley de Educación (LOE).
Ahora, sin cumplirse el primer año de la legislatura, Zapatero se ha visto obligado a enmendar el error volviendo a organizar la Educación desde un ministerio propio, lo que nos hace pensar que la situación debía de ser de auténtico fiasco. Para reconducirla ha elegido a Gabilondo Pujol, hombre con una importante trayectoria en la Universidad, lo que deseamos que sea virtud y no defecto para comprender el desamparo en que vive la enseñanza no universitaria en España, pues bien es sabido que, con este nombramiento, el objetivo primordial del presidente es intentar que Gabilondo le apacigüe las aguas universitarias en exceso revueltas por el descontento que está ocasionando su integración en el marco europeo.
En su toma de posesión, el nuevo ministro incidió en un aspecto en el que todos aquellos a los que nos preocupa la actual deriva de nuestro sistema educativo llevamos tiempo invocando. Me refiero a la necesidad de un pacto entre educación, partidos políticos y comunidades autónomas. Esperemos que este talante y ansias de diálogo del señor Gabilondo no sea fruto de pasarela ministerial sino, por el contrario, que se ponga ya a trabajar en ello.
Por último, no debemos de olvidar que esta remodelación ministerial deja un damnificado: el recién estrenado Ministerio de Ciencia e Innovación. Los que hablamos de la I+D+i en presente y no en futuro la consideramos imprescindible para el desenvolvimiento del cualquier país desarrollado, por lo tanto, consideramos imprescindible la existencia de un ministerio fuerte que la aúne y la coordine para evitar su fragmentación económica y la duplicidad de funciones y programas por parte de diferentes ministerios y de las comunidades autónomas.
Hoy al volver la Universidad al Ministerio de Educación del que no debió haber salidose, entiende que lo hará con las ayudas a la investigación que corresponden a su sector, lo que puede dejar herido de muerte al Ministerio de Ciencia e Innovación si este no se reinventa desde dentro y urgentemente. Cosa, por otro lado, harto difícil teniendo en cuenta la trayectoria de su primer año de vida naufragando entre la falta de presupuesto y el Plan Bolonia.
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