Alexandre Lodeiro Pereira
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CRÓNICA PERSONAL
Lo acaba de decir Jordi Sevilla en El Confidencial: el Zapatero actual no es como el Zapatero que lo convirtió en ministro de su Gobierno.
No convencen las palabras de decepción con las que se expresan algunas de las personas que formaron parte de su equipo de partido y de Gobierno, y es inevitable pensar que esas reflexiones son simples excusas para salvar la cara, autojustificaciones con las que intentan disculparse por haber sido compañeros, colaboradores, amigos de quien hoy es un personaje detestable, moralmente corrupto, más allá de lo que en su momento determine la Justicia.
Se echa en falta que esos que alegan que ha cambiado respecto a tiempos pasados, no hayan hecho el menor comentario respecto a cómo se enfrenta a su situación actual: su objetivo es lograr, por defectos procedimentales, la anulación de la causa judicial abierta a contra él. Está en su derecho; pero poco en su entorno dicen lo que habrían declarado ante situaciones idénticas: quienes buscan la anulación suelen ser los que se saben culpables y no pueden demostrar su inocencia ante un tribunal.
Hace mucho tiempo que se sabe que Zapatero es un comisionista internacional que se mueve en el filo de la navaja, pero en su partido preferían mirar para otro lado.
Las personas cambian, claro que cambian. Pero no en sus principios, que son o deben ser inamovibles. Y el Zapatero presidente ya apuntaba maneras. Le gustaba el calificativo de “Bambi” que si no recuerdo mal le adjudicó Alfonso Guerra, que no suele dar puntada sin hilo y a lo mejor pretendía alertar sobre la aparente ingenuidad de un político falto de carácter, lo que es indispensable en un Jefe de Gobierno. Carácter, decisión, energía y fortaleza son cualidades necesarias para dirigir un equipo, más aún un equipo de gobierno. Pero en Moncloa había un Bambi.
En Moncloa pisó charcos protocolarios que demostraban su mal hacer y provocó serios problemas internacionales, mintió sobre importantes datos económicos con trágicas consecuencias, y apostó por reabrir la brecha social que con tanto esfuerzo habían cerrado los dirigentes de la Transición, con Felipe Gonzáldez a la cabeza. El ZP presidente ya demostraba que España le importaba lo justo.
Una vez fuera del Gobierno, no dudó en abrazar el chavismo y colaborar con un régimen detestable. Las informaciones sobre su relación con la dictadura al mismo tiempo que se incrementaba su fortuna personal las recogieron innumerables medios de comunicación pero la reacción de su partido, sobre todo en tiempos de Sánchez, fue acusar de facherío a quienes investigaban sus andanzas no solo en Venezuela sino en otros regímenes americanos dictatoriales… y en China. Hace mucho tiempo que se sabe que Zapatero es un comisionista internacional que se mueve en el filo de la navaja, pero en su partido preferían mirar para otro lado.
No ha cambiado, nunca tuvo principios, su prioridad era la cuenta corriente y crear un entramado internacional de negocios. No dudó en meter en él a sus hijas, lo que dice mucho de su irresponsabilidad, sus ansias dinerarias y su creencia de que su trayectoria política le garantizaba la inmunidad, la impunidad.
Para infinidad de españoles interesados en la información, ZP no ha cambiado. Era y es un hombre bajo sospecha.
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