Los zorros y ese Auria que también existe

DEAMBULANDO

Publicado: 14 ene 2026 - 04:50
Opinión en La Región

Ya los zorros siguen cazando gallinas o mejor dicho, extrayéndolas de sus gallineros cuando dispersas por las fincas, como lo haría el águila, de abundante especie desde que los cazadores dejaron de dispararlas. No hay aldeano que no haya sufrido el acoso del zorro a su gallinero y esto extensivo a fincas de urbanita asentados de fin de semana: Un avispado zorro, cánido que por otra parte, simpatías despierta, se abatió sobre un gallinero al que un solo descuido de su dueña, por inconsciente apertura del alambrado gallinero, dejó a las inquilinas a la intemperie del vúlpido que sobre ellas se abalanzó llevándose cuatro y dejando dos descabezadas. El ama del gallinero, sin pena, me dice, que después de muchos años, bastó un solo descuido para que el raposo o la raposa obtuviesen premio, digno de paciente espera, y esto a pesar de la enrejada finca, vista la cual ¿por dónde podría el zorro llevarse las gallinas? Lo cuenta casi de festiva forma la afectada a la que podría acusarse, ”penalmente”, de error in vigilando. No suponemos al zorro halagando a la propietaria como en la fábula cuando desde el suelo loaba el graznido del cuervo posado en una rama para que dejándose llevar por la vanidad soltase el queso.

El ama del gallinero, sin pena, me dice, que después de muchos años, bastó un solo descuido para que el raposo o la raposa obtuviesen premio

Y mientras me cuenta esto la pariente afectada, yo de urbanita con una peña de amigos que aunque de tan dispares opiniones jamás mermarán el vínculo, que pudiera tambalearse por traslado de escenario de un local donde se asentará la librería Tanco, de Moncho Martínez, que habilitará espacio entre estantes de libros para crear tertulias… que interminables no se hagan. Mientras tanto, nosotros salimos, provisionalmente, para acogernos al café Plaza, bajo cuyo techo se oyó esa música en vivo de los años 60. Sin ecos de aquella música, los contertulios, en cierto modo debatimos, aunque siempre hallarás a alguno más acaparador.

Cambio de escenario: La cafetería Princesa, donde los más veteranos de una clase social jubilada se acomodan sin horario, más que para contar batallitas para comunicar lo interesante que vivieron y a los que nunca hallarás arreglando el mundo o enmendando la política cual cesantes laborales inclinados sobre la obra pública o privada (ogaño casi inexistente) opinando como si ingenieros. Allí me cito con Eduardo Olano Gurriarán, con apellido con el que nosotros un tanto liados con Gurrierán, más atribuíamos a eseapellido, que, de tan diferenciador llegó, en aquella sociedad patriarcal de hace poco, hasta a reconocer en el ámbito bancario a un conocido directivo del extinto Banco Pastor, como Sr. Gurriarán, cuando éste el de su esposa era. La cita dio para hablar de su vida pública y de la privada, que para mucho dio, como también, amén de unos cuantos hijos, para escribir un libro de mucha investigación y ciencia botánica: “El Tejo y el Teixadal de Casaio”. Para completar el círculo, árboles plantaría como ingeniero forestal que es. Horas de estudio y documentación le llevaron de inmersión en ese bosque sagrado de los celtas, que se ignora si allí ritos tuvieron, pero es de imaginar que sí a tan longevo árbol, que a milenario llega y aún más allá, dado que de un abatido tronco pueden brotar otros tejos que hagan pensar sobre la inmortalidad de este genuino bosque a punto de perderse no por la última glaciación del cuaternario sino por los recientes incendios que asolaron el entorno. Me dona, con dedicatoria el libro ilustrado con fotos, esquemas y mapas, que lo hacen imprescindible para cualquier descubierta en este bosque entre abruptas laderas al cobijo de un arroyo, que nace de escorrentías y de una lagunilla glaciar al amparo de la Surbia y la Trevinca Norte. Mientras, atento a las palabras de Olano, un vaso rodó sin romperse, y antes de darnos tiempo para reubicarlo en su mesa, una diligente clienta lo recogió. Nos despedimos poco después de lo que la prudencia aconsejaba, saludando a las hermanas Cendón, tan acogedoras cuando regentaban la concesionaria Citroën.

Grato ambiente éste, donde, sonoramente, desde la misma barra se da la bienvenida a los recién llegados.

Contenido patrocinado

stats