Berta Vázquez de A Tenda do Barrio, en Ourense: "Creo que no estoy hecha para jubilarme"

SESENTA AÑOS COTIZADOS

Para Berta Vázquez el trabajo diario en su tienda, ubicada en el barrio ourensano de O Vinteún, rebasa la simple ocupación: es una fuente de significado vital y una vocación de servicio en activo. A través de su relación con su clientela mantiene una actitud centrada en el diálogo y la convivencia vecinal.

Berta Vázquez Fernández en su tienda ubicada en Río Avia, esquina avenida de Santiago.
Berta Vázquez Fernández en su tienda ubicada en Río Avia, esquina avenida de Santiago. | Miguel Ángel

Berta Vázquez, ourensana nacida en Oseira, a sus ocho décadas, y tras sesenta años cotizados, habla de la jubilación como de un mal que debe evitarse a toda costa. Nos recibe afable en A Tenda do Barrio, entre Río Avia y avenida de Santiago, en O Vinteún. Es el típico negocio de barrio de toda la vida en el que no cesa la afluencia de clientes desde sus inicios en el local. Berta abrió su negocio tras 30 años de dedicación con su marido en una empresa de compraventa de coches. Para ella el trabajo es una especie de religión personal.

Los orígenes y la consolidación de A Tenda do Barrio requirieron del esfuerzo y la colaboración familiar; luego del boca a boca y la cimentación paulatina de la confianza del vecindario. “Abro a las 9:00 de la mañana todos los días. Empiezo a ordenar las cosas, recibo a los panaderos, a este, aquel y el otro. Viene la clientela, voy despachando y voy limpiando a la vez, voy colocando y recolocando para que no se me desordene esto. Y así va pasando el día”, dice Berta al describir sus rutinas de un trabajo que le ha granjeado el respeto de una clientela que va pasando el testigo de una generación a otra.

Abrimos esta tienda en 1997, y aquí estamos 29 años después. Yo estoy encantada con mi clientela. Para mí esto es una terapia. Ya no es cuestión de dinero porque estas tiendas se acabarán por completo. Yo aquí estoy feliz. Abro los domingos por la mañana, los festivos... cierro cuando quiero, abro cuando me da la gana. Para mí esto es vida, y me preocupa irme a mi casa cuando me jubile, creo que no estoy hecha para jubilarme. Mi relación con mis clientes es como de familia de pueblo. Tanto es así que conservo mi primera clienta, Manoly. Si viene una y me dice: ‘Mira, déjame una barra de pan en la acera, toma, mañana te la pago, que estamos a final de mes’, bueno, pues lo hago porque hay confianza”, dice Berta mientras saluda a una clienta que acaba de entrar por unas naranjas.

Berta Fernández ofreciendo naranjas de O Viso a Isabel Seoane.
Berta Fernández ofreciendo naranjas de O Viso a Isabel Seoane. | Miguel Ángel

Preguntada Berta por la dinámica diaria de su local, responde: “Estas tiendas son para comodidad y olvidos. Eso lo tengo claro desde el día en que entré. Y bueno, pues el pan se vende mucho, las verduras las tengo muy buenas, luego otras cositas que traen de nuestra finca, siempre productos de primera calidad. Y después, viene uno que el arroz, el otro que el tomate, el otro que la botella de vino... lo que sea”. Isabel Seoane, vecina y clienta desde hace más de veinte años irrumpe con una aclaración: “A Berta la tenemos disponible a todas horas, como si tenemos que ir a su casa a timbrar”, añade entre risas.

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