Los clásicos de los Vinos de Ourense, una minoría esencial en la nueva hostelería
RELEVO GENERACIONAL
“De tapeo tradicional ya somos cinco bares contados”, resume Jacobo Ovejero, uno de los hosteleros que resisten una transición sin relevo juvenil y con clientes cada vez “más sibaritas”.
La zona de los Vinos de Ourense ha sido, durante décadas, el epicentro de la vida social y gastronómica de la ciudad. Los datos de la Axencia de Turismo de Galicia reflejan que, a día de hoy, estas emblemáticas calles concentran 132 negocios de hostelería. Sin embargo, solo un puñado corresponde a los bares “de toda la vida”.
La falta de relevo generacional y el auge del turismo ha cambiado la fisonomía de la zona, donde los veteranos luchan por mantener su esencia ante un cambio drástico en los hábitos de consumo. El tapeo clásico cede terreno. El contraste numérico avala el pesimismo de los protagonistas. “De tapeo tradicional ya somos cinco bares contados”, advierte Jacobo Ovejero, tercera generación al frente del Bar Orellas en la Praza do Ferro. Manuel Iglesias ejerce también de heredero del Orellas en rúa da Paz y lamenta la deriva actual: “Se consume mucho fast food y cada vez hay menos comida enxebre”. Para Iglesias, la zona sufre una pérdida de lo autóctono donde “se ha empezado a utilizar más el marketing que el valor de lo tradicional”.
La clientela muta y las pandillas diarias dejan paso a un consumidor diferente y esporádico. “La gente se ha vuelto muy sibarita”, constata José Manuel Diéguez, “Chato”, al frente del restaurante A Barbería. A esta transformación cultural se suma el mayor desafío estructural del sector: el relevo generacional. El paulatino cierre por jubilación amenaza con desdibujar la identidad de las calles históricas ante la negativa de los jóvenes a heredar una profesión tan sacrificada. “Los clásicos van cerrando a medida que se jubilan, los jóvenes no quieren dedicarse a esto y lo entiendo”, resume “Chato”.
Para María Isabel Pereiro, heredera de una saga que lleva 49 años al frente del Café-bar O Sol, la sentencia es clara: “No creo que haya relevo generacional”. Tampoco la bonanza económica impulsada por el AVE y el turismo suscita un consenso absoluto entre los veteranos. En O Frade, con 33 años de historia, Enrique Fidalgo alerta de una “masificación descontrolada” que sustituye la identidad de siempre por una gastronomía ajena y se pregunta si el modelo actual impulsado por el visitante de paso no será “pan para hoy y hambre para mañana”.
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