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Los vecinos y comerciantes del barrio de As Camelias se encuentran en un punto de desesperación total ante la degradación que está sufriendo su zona especialmente en las últimas semanas.
La creciente inseguridad coincide directamente con la vuelta de un punto de venta de droga situado en un bajo de la praza da Cantiga, que según los residentes en la zona volvió a operar desde mediados de julio: “Empezaron a llegar coincidiendo con la final del Mundial”, aseguró María Alessandra Ramos, detrás de la barra del bar O Xeito.
Se trata de un punto de venta que lleva existiendo “toda la vida”, según dicen los vecinos, pero que nunca había generado tantos problemas constantes como hasta ahora. Estuvo cerrado en torno a un año pero su regreso trajo consigo una auténtica marea de drogodependientes procedentes de otras zonas de la ciudad, convirtiendo a As Camelias en la “nueva Covadonga” y en una zona de conflicto entre toxicómanos, que impacta directamente en los vecinos.
Mientras que anteriormente repartían la mercancía por una pequeña ventana del bajo y los drogodependientes la recogían y se marchaban, ahora la situación es diferente, según relatan los testigos, que indican que ahora los consumidores acceden directamente dentro del bajo, permaneciendo ahí durante mucho tiempo. La noche es el momento verdaderamente crítico, con largas colas de personas para acceder al bajo, mucho ruido, incluso peleas y un alto consumo. “Una chica se encontró mal por la heroína y tuvieron que llamar a una ambulancia”, señalan los vecinos.
La noche se vuelve insoportable en la zona. Hace un par de madrugadas, unos gritos amenazantes de un politoxicómano despertaron a media barriada a las tres de la mañana y posteriormente esa misma persona acabó prendiéndole fuego a un contenedor, que de milagro no afectó en los coches contiguos. El movimiento continúa prácticamente hasta el amanecer: “Eu baixo ao cadelo as seis da mañá e aínda siguen ahí”, relata la vecina Mari Luz Fernández.
La preocupación en la zona no cesa, al repetirse día tras día sucesos delictivos. El bajo donde se distribuye la droga es además un auténtico almacén de móviles, bolsos y mochilas, dándose este tipo de sustracciones de manera continua. Cuando los afectados buscan mediante otro dispositivo donde se encuentra su móvil, la respuesta es siempre la misma: ese bajo.
Uno de los delitos más frecuentes es el robo en coches, con una importante parte de los residentes afectados. “Abríronme os coches catro veces en dous meses”, subraya Mari Luz Fernández. Además, también se han registrado casos de sustracción de vehículos, haciendo un puente: “Uno que robaron lo encontraron dos días después junto a la Alameda”.
Esta situación ya ha llevado a los vecinos afectados a realizar cambios en su rutina diaria ante el temor que sufren. “Las mujeres tienen que andar con alguien porque es que son agresivos, a los niños no les dejamos salir, porque les quitan las cosas y a los turistas que vienen por ahí, vienen a aparcar les recomendamos que no lo hagan”, expresa una afectada, que puntualiza que “el barrio es tranquilo, los que no son tranquilos son ellos”.
Además, la inseguridad ya afecta seriamente a los negocios de la zona. Desde los bares, como O Xeito o Fénix, reconocen que ya han sufrido una pérdida importante de clientes. “Ahora a las once de la noche ya no queda nadie aquí”, detalla María Alessandra Ramos.
Ante esta problemática, que afecta directamente a sus vidas, los vecinos y comerciantes exigen soluciones. Principalmente, piden tapiar el bajo, para cortar el suministro de droga y que se marchen los consumidores, una intervención urgente de servicios sociales y mayor presencia policial: “El subdelegado del Gobierno tiene que dar orden de que vigilen”, señalan desde As Camelias.
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