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La llegada del solsticio de verano se vive con una intensidad especial en la residencia de San Xoán de Río, perteneciente a la Fundación San Rosendo. Para sus mayores, no es una fecha cualquiera, sino el regreso a la fiesta de su propio pueblo, un viaje a la juventud y la oportunidad de revivir los rituales que los acompañaron toda la vida. Por eso, el objetivo del equipo del centro es que hagan exactamente lo mismo que habrían hecho en sus propias casas.
Lo prepararon durante meses. Entre pinturas y recuerdos compartidos, las salas del centro se transformaron en escenario de los emblemas de la noche más corta del año. La directora del centro, María José González, explica que el principal objetivo es “que mantengan las tradiciones de antes” y una de las más arraigadas es la de recoger las hierbas para lavarse la cara al día siguiente antes de que salga el sol, un ritual tan importante para los residentes que incluso “hicieron un libro con las siete hierbas más importantes de este día”.
Pero la magia del agua perfumada no es el único misterio. En San Xoán de Río tampoco falta la mística de la queimada con su correspondiente esconxuro, ni la curiosidad de “dejar los huevos durante la noche” para comprobar, llenos de asombro por la mañana, las caprichosas formas que dibujan las claras.
El aspecto visual de la fiesta fue obra directa de los propios mayores, quienes aportaron las ideas, decidieron el diseño y trabajaron mano a mano con el equipo de trabajadores. En esta ocasión, la temática elegida fue el mar. La educadora social Lucía Cabana cuenta que confeccionaron un sinfín de manualidades para recrear “o mar, olas, sardiñas e bonecos para darlle ambiente de praia”, además de pintar una sábana a modo de mural. La educadora asegura que los residentes lo hacen todo y que, además, “fano con moita alegría e ilusión”.
Esta implicación se nota en el ambiente. Esther Aguión, una de las usuarias que lleva siete años en el centro, asegura que aunque lo celebran siempre, este año resulta “máis especial”. Ayudan “no que poden” y destaca el cariño de la educadora. Para Esther, estas fechas traen recuerdos imborrables de su infancia, cuando saltaba la hoguera y comía las tradicionales “sardiñas do San Xoán, que mollan o pan”.
La nostalgia y la alegría se entrelazan en el testimonio de Isabel Arias. Natural de la vecina localidad de Trives, Isabel confiesa lo mucho que le gusta celebrar estas fechas porque, al fin y al cabo, “o caso é facer festa”. En su casa nunca faltan la queimada ni las “herbas de San Xoán”, una fiesta en la que siempre lo pasan “estupendamente” y que en los años de juventud “era aínda mellor”.
Para otros residentes, el San Xoán evoca banquetes inolvidables. Nieves Yáñez, vecina de un pueblo del propio municipio de San Xoán de Río, recuerda que, aunque en su tierra son más de celebrar el Corpus, en San Xoán también organizan buenas comidas a base de “entremés, cabrito asado, empanada e tarta”. El ritual del monte tampoco faltaba, recogiendo las hierbas y dejándolas toda la noche “ó mollo” para lavarse al día siguiente; eso sí, según evoca entre risas, después tenía que volver a asearse porque “cheiraba a herbas”.
El toque de humor lo pone Miguel López, también natural de San Xoán de Río. Rememorando aquellos años de juventud en los que se asaban cabritos y corderos y la gente se divertía saltando y bailando, Miguel confiesa sin tapujos su pasión por la música y la verbena, aunque con retranca admite que, lo que de verdad le entusiasmaba de aquellas citas “eran as mulleres”.
Así, entre trabajos y recuerdos, San Xoán se vive en la residencia con la emoción de las grandes citas. Los mayores eligen con esmero el vestuario que llevan y pasan por la peluquería para lucir sus mejores galas. El propio día de la fiesta se organiza una salida a la misa del pueblo para todos aquellos que desean asistir y, después, la celebración se traslada a la terraza de un bar de la localidad para tomar algo antes de regresar al centro, donde les espera una comida especial y una tarde de baile.
En San Xoán de Río, las hogueras del pasado siguen alumbrando el presente gracias al trabajo de la Fundación San Rosendo y a la energía e ilusión de sus mayores.
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