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Jóvenes encapuchados, barricadas, hogueras, miles de protestas y gases lacrimógenos se volvieron imágenes habituales en diferentes medios de comunicación. Era 2018 y el exdictador de opereta, Nicolás Maduro se proclamaba presidente de Venezuela tras un proceso electoral denunciado internacionalmente como fraudulento.
“Salimos a exigir nuestra inconformidad, por nuestros derechos y por todo lo que estaba ocurriendo”
Miles de venezolanos tomaron las calles para protestar; el hartazgo y las mentiras eran tantas como la represión chavista. Cristofer Queipo, por entonces estudiante de diseño, estaba entre los manifestantes. “Salimos a exigir nuestra inconformidad, por nuestros derechos y por todo lo que estaba ocurriendo. Muchos profesores dejaron la universidad. No había docentes que cubrieran las materias”, narra Queipo mientras sostiene un paraguas.
Trinidad y Tobago fue la vía de escape del joven con su esposa, aunque la estancia en ese país vecino tampoco supuso una solución. “Vivimos racismo y xenofobia. Y tampoco el gobierno permitía algún tipo de residencia u otro canal establecido para los inmigrantes”, detalla el joven de 32 años.
“Llegamos en marzo de 2024 e hicimos la solicitud de protección internacional”
Una amiga de su esposa vivía en España; con un proyecto de emprendimiento en ciernes arribaron hace dos años a Ourense. “Llegamos en marzo de 2024 e hicimos la solicitud de protección internacional. A los seis meses nos llegó el permiso de trabajo. Tuvimos bastante suerte”, asegura Cristofer, quien junto a su esposa lleva adelante la tienda online Dragonfly Joyería. “En un mes deben llamarme para la residencia”.
“Pasé seis meses intentando lograr la cita para la solicitud de asilo”
Para Milaynis Torres, de 38 años y madre de tres niños, la inestabilidad social y económica venezolana en 2017 la hizo volar hacia República Dominicana. Mas su estancia quisqueyana significó una circunstancia temporal. España fue su nuevo destino.
“Pasé seis meses intentando lograr la cita para la solicitud de asilo. Llamé muchas veces y no lograba nada”. Sin embargo, la llegada de sus niños en diciembre de 2023 pareció traer consigo un golpe de efecto, pues “al poco tiempo logré sacar la cita para todos”, rememora acomodándose el delantal.
En el transcurso, las ocupaciones de Milaynis fueron diversas: “cuidé a señores, niños, fui asistente de cocina, camarera…”, detalla quien desde octubre de 2025 administra un bar en las galerías Proyflem. Milaynis y Cristofer establecidos en Ourense han visto limpiadas las incertidumbres de tantas esperas gracias al agua benefactora de As Burgas.
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