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ARQUEOLOGÍA
Bajo su fama termal y romana, la provincia de Ourense oculta uno de los epicentros megalíticos más notables del noroeste peninsular. Hace más de cinco mil años, las primeras comunidades neolíticas transformaron este territorio en un vasto mapa sagrado, erigiendo dólmenes y mámoas que funcionaban como sepulcros y símbolos de cohesión territorial.
Dentro de esta inmensa red patrimonial destacan dos enclaves excepcionales. El primero es el Val do Salas, en la comarca de la Baixa Limia. El entorno del embalse de Maus de Salas es un auténtico museo al aire libre que alberga monumentos rescatados de las aguas, como A Casiña da Moura, evidenciando el estrecho diálogo de aquellos primeros constructores con la naturaleza.
El segundo gran foco es la Serra do Leboreiro, frontera natural con Portugal. Sus planicies de altura custodian una de las necrópolis más extensas de la Península Ibérica, jalonada por decenas de túmulos y monumentos sagrados.
Explorar el Ourense megalítico es un viaje inigualable a los albores de la civilización, un fascinante legado de piedra milenario.
La Casiña da Moura es uno de los muchos ejemplos en la inmensa riqueza megalítica del Val do Salas. Este monumento neolítico con cámara poligonal supera los 6.000 años de antigüedad. Fue desplazado por la enorme construcción del embalse de Maus de Salas, por lo que su acceso original quedó ya destruido.
La Pedra Alta de Antela, un inmenso menhir prehistórico de granito con 3,47 metros de altura, data del tercer o cuarto milenio a.C. Aunque su función original es aún desconocida, este monumento megalítico fue desenterrado en 1975, luego de la desecación de la Lagoa de Antela. Hoy está colocado en el corazón de la misma.
La investigación iniciada el año 2025 en la Cova do Santo, del Parque Natural da Serra da Enciña da Lastra, continúa este mes. La labor iniciada por el Centro de Investigación Interuniversitario das Paisaxes Altánticas permitió recuperar restos de 10 individuos, con una antigüedad de entre 3.500 y 3.700 años.
En Casaio (Carballeda de Valdeorras), un proyecto del Instituto de Ciencias del Patrimonio y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas permitió que la asociación Sputnik Labrego y Estele Arqueoloxía sacasena la luz en 2019 pinturas rupestres datadas en más de 3.000 años antes de Cristo, repartidas en 21 paneles.
La comarca atesora conjuntos de petroglifos, como Covas Rubias o el Penedo do Muro, ambos en Monterrei. Uno de los más significativos es la estación de arte rupestre das Pisadiñas (Laza), que desde 2020 cuenta con una ruta señalizada por siete afloramientos rocosos con grabados antrópicos, distribuidos por la ladera oeste del monte Lastredo.
O Ribeiro conserva un valioso patrimonio prehistórico con petroglifos como el grabado de Vide, en Castrelo de Miño, y el conjunto de Monte Picoñas en Cortegada. También las mámoas de Veiga de Arriba, en Castrelo de Miño y otros enclaves de arte rupestre en Avión o Melón, con coviñas, motivos geométricos y circulares en piedra.
Documentado desde 2006 como “Meniño de pedra”, este petroglifo se localiza en la aldea de Castromil, en A Mezquita. Situado en una antigua zona de pastos, presenta un excelente estado de conservación y representa un antropomorfo esquemático formado por un cruciforme con dos trazos a modo de piernas y un tercer trazo vertical.
Hace 14 años, las obras del AVE estuvieron a punto de borrar para siempre los petroglifos de Cangues (O Irixo). El hallazgo del Centro de Estudos Chamoso Lamas, y su aviso a Patrimonio permitieron salvar este conjunto arqueológico. Desde entonces, cada año se celebra una andaina noctura para descubrirlos a la luz de las linternas.
San Xoán de Río conserva vestigios del megalitismo en la parroquia de Vilardá, donde se localizan diversas mámoas o túmulos funerarios prehistóricos. Aunque no han sido objeto de excavaciones arqueológicas que permitan conocer con detalle estructura o cronología, apuntan a la presencia de comunidades neolíticas en el municipio.
La provincia de Ourense alberga un patrimonio prehistórico inabarcable. Las mámoas do Burato do Haber, en el concello de Baños de Molgas, son un claro exponente. Pese a los expolios que inspiran su nombre, estas tumbas evidencian el inmenso tesoro arqueológico que se extiende por todo el territorio ourensano.
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