Lograr adoptar un niño, una carrera de fondo en Ourense: "No puedes tener prisa"
MÁS DE CUATRO AÑOS
Algunos expedientes de adopción ourensanos llevan más de cuatro años pendientes de asignación, una espera habitual en estos procesos
El proceso de adopción puede parecer interminable para algunas familias. Superar las entrevistas y evaluaciones con las que se determina si los solicitantes son adecuados no garantiza una asignación rápida. En Ourense, todavía continúan en espera activa expedientes presentados en abril de 2022, según los últimos datos publicados por la Consellería de Política Social en junio.
La situación es habitual. Los últimos datos del Ministerio de Juventud e Infancia, correspondientes a 2024, contabilizan 216 familias gallegas declaradas idóneas y pendientes de asignación, frente a tan solo 50 menores propuestos para adopción. Hay que tener en cuenta que el proceso no funciona como una cola convencional, ya que se trata de vidas humanas. La Administración busca la familia que mejor responda a las necesidades de los menores.
Esa espera se vive de manera individual. Una madre ourensana recuerda que en su caso transcurrieron cuatro años hasta culminar el proceso. “No me pareció mucho porque empecé muy joven. Yo lo tenía muy claro desde el principio”, explica. Pero reconoce que ese mismo plazo puede resultar mucho más difícil para quienes llegan al proceso tras mucho tiempo intentando tener hijos o cuando se toma la decisión a una edad más avanzada.
Antes de entrar en esa espera es necesario superar un proceso de información, formación, entrevistas y evaluación psicosocial. Al final llega la declaración de idoneidad, con la que la Administración reconoce que esa persona o familia reúne las condiciones necesarias para adoptar. Ella recuerda esa fase como una de las más complicadas.
Durante las entrevistas le preguntaron sobre cómo reaccionaría si su futuro hijo tuviese problemas de comportamiento o le plantearon quién consideraría que era su verdadera madre en esos casos. “Pues yo, ¿quién si no?”, respondió. Reconoce que aquellas “preguntas incómodas” llegaron a ofenderla, aunque comprende a los profesionales. Aun así, mantiene una reflexión: “Eso nadie se lo diría a una persona embarazada, padre biológico parece que puede serlo cualquiera”.
Una vez obtenida la idoneidad, comienza una espera cuya duración no puede predecirse. Cuando se encuentra una familia adecuada para un menor, Política Social puede constituir una guarda con fines de adopción e iniciar la convivencia. Después llega la propuesta al juzgado y, finalmente, el auto que constituye jurídicamente la adopción.
Las cifras provinciales muestran que cada proceso avanza a su propio ritmo. En 2024 hubo en Ourense 13 guardas con fines de adopción, es decir, menores que comenzaron a convivir con una familia seleccionada. Ese mismo año, Política Social elevó al juzgado otras 13 propuestas para constituir adopciones, pero solo se dictaron dos autos judiciales (la resolución que culmina el proceso), mientras que en 2025 fueron once. Esto refleja que las distintas fases pueden repartirse entre varios ejercicios.
La historia de esta ourensana también refleja los cambios de la adopción internacional. Tras dos años esperando en España, decidió iniciar paralelamente un procedimiento fuera del país. Era a comienzos de los 2000, en pleno auge de esta vía, y su proceso terminó en apenas 13 meses. Un año después culminó también la adopción nacional. Hoy el escenario es muy distinto, en Ourense no hubo ninguna preasignación internacional en 2024 ni en 2025.
“Para adoptar tienes que tenerlo muy claro y no puedes tener prisa”, sostiene. Pero inmediatamente matiza: “Es muy fácil decirlo desde mi posición, con mis dos hijos en casa”. En todo caso, la suya es una historia con un final feliz: “Estoy encantada de la vida. No puedo estar más orgullosa de mis hijos”.
Algunos menores afrontan más dificultades para encontrar familia
A pesar de las largas esperas que afrontan muchas familias para adoptar, hay menores para los que encontrar un hogar resulta especialmente difícil. Son los casos que atiende la Fundación Meniños dentro del programa de adopciones especiales, dirigido a niños y adolescentes cuyas circunstancias requieren una búsqueda y una preparación más específica de los adoptantes.
Ruth López, técnica de intervención familiar de la entidad, explica que entre estos perfiles están los mayores de ocho años, grupos de hermanos, menores con discapacidad, retraso madurativo, trastornos del neurodesarrollo o historias de vida que hacen más compleja su integración en una familia.
Una madre ourensana reconoce que esa realidad genera también temores entre quienes esperan: los niños de más edad “tienen un bagaje propio” y algunas familias sienten miedo de no estar a la altura o de no saber responder ante posibles dificultades. “Es una gran responsabilidad”, indica.
López desmonta tambiénuna idea extendida: “Hay una creencia de que hay muchísimos niños y niñas en adopción y realmente lo que hay es muchos niños, niñas y adolescentes en el sistema de protección”. Además, explica que no todos los menores tutelados están en situación de ser adoptados ni todas las familias resultan adecuadas para cualquier perfil.
Meniños participa en la búsqueda de la familia que mejor encaje con cada menor y realiza un seguimiento durante dos años desde el inicio de la convivencia.
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