Casi una veintena de bebés fueron entregados al nacer en Ourense en la última década

SEIS MESES PARA CAMBIAR DE OPINIÓN

El protocolo reserva al menos seis semanas para que la madre pueda cambiar de opinión

Área de Maternidad del hospital de Verín
Área de Maternidad del hospital de Verín | Óscar Pinal

Dar a un hijo en adopción nada más nacer es una de las decisiones más difíciles que puede afrontar una madre. Detrás suele haber situaciones personales y sociales muy complejas y un proceso muy garantista para que la decisión no sea precipitada ni irreversible desde el primer momento. En Ourense, 19 recién nacidos fueron dados en adopción por esta vía durante la última década, dos de ellos el pasado año.

Rosario Capelo, presidenta del Colexio Oficial de Traballo Social de Galicia y profesional del equipo de adopción de Protección de Menores, señala que las mujeres que llegan a esta situación suelen compartir “situaciones de vulnerabilidad social graves”. No existe un único perfil, pero cita maternidades muy tempranas y no planificadas, mujeres vinculadas previamente a servicios sociales o que incluso pasaron por el sistema de protección. También pueden aparecer problemas de salud mental o componentes de adicciones. “La mayoría no tienen una buena cobertura social a nivel familiar, comunitario o de su grupo de referencia. Suelen estar bastante aisladas”, explica.

La falta de dinero, por sí sola, no suele explicar una decisión de este tipo. Capelo señala que, si una mujer se plantease dar a su hijo en adopción únicamente porque no puede mantenerlo, los servicios sociales activarían ayudas, alternativas de vivienda y otros apoyos. “Es un componente de un diagnóstico mucho más amplio”, explica.

Una decisión meditada

Muchas mujeres llegan al parto con la decisión ya meditada. Antes han pasado por los trabajadores sociales del ámbito sanitario, donde conocen el procedimiento, los plazos y las opciones que tendrán cuando nazca el bebé. Capelo asegura que “mayoritariamente” la decisión no surge por sorpresa en el hospital.

Tras el parto, la madre firma una primera manifestación de su voluntad y Protección de Menores interviene para comprobar que la decisión no esté condicionada por terceros ni sea precipitada. A partir de ahí se abre un periodo mínimo de seis semanas antes de ratificarla. “Muchas mujeres tratan de trabajar esa decisión, de hacerla más completa para tomarla con más firmeza o, por el contrario, la revocan”, explica Capelo. Si existen dudas o aparecen nuevos apoyos, el plazo puede incluso ampliarse.

Durante ese tiempo, el bebé queda bajo protección de la Xunta de Galicia y habitualmente pasa a una familia de acogida temporal preparada para estas situaciones. “Esta parte del proceso suele durar seis, siete u ocho semanas”, indica.

Mientras la decisión no sea firme, es posible mantener el vínculo. La madre puede estar con el bebé, amamantarlo, elegir su nombre, recibir información e incluso realizar alguna visita. La intervención profesional también continúa durante esas semanas, especialmente porque “en muchos casos no hay una red de apoyo informal” a su alrededor.

Al terminar ese periodo, todo depende de la decisión de la madre. Si la revoca, el procedimiento de adopción no continúa. Si la ratifica, el bebé deja el acogimiento temporal y puede comenzar a convivir con la familia adoptiva que ya había sido valorada como idónea, inicialmente mediante una guarda con fines de adopción.

A partir de ahí continúa el procedimiento hasta la constitución definitiva de la adopción. Capelo insiste en que esas seis semanas están pensadas como una garantía para las dos partes: “para el niño, pero también para la mujer”.

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