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El absurdo viaje de la princesa
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El nuevo y durísimo batacazo electoral de Sumar en Castilla y León coincidió en el tiempo el pasado fin de semana con el viaje al absurdo, el absurdo viaje, de la vicepresidenta Yolanda Díaz a la gala de los premios Oscar en Los Ángeles para apoyar a su amigo Oliver Laxe. Mientras su formación -en estado agónico y cada vez más enterrada entre la irrelevancia más absoluta-, concurría con IU pero sin Podemos y se quedaba fuera de las Cortes autonómicas con algo más de un paupérrimo 2% de los votos, la vicepresidenta segunda se encontraba al otro lado del Atlántico asistiendo a la gala en calidad de representante del Gobierno, un viaje sufragado por tanto con fondos públicos con cargo al presupuesto municipal.
En la historia de un viaje aún sin explicación coherente, la ministra evitó cualquier exposición mediática en un momento en que la polémica por su desplazamiento ya estaba desatada. No desfiló por la alfombra roja ni posó ante los fotógrafos, pese a que su presencia en la ceremonia había sido anunciada como estrictamente institucional. Para la ocasión eligió un vestido beige -o eso nos han dicho- de la firma ourensana Purificación García, acompañado de una pashmina y unos pendientes circulares con forma de sol, pero a día de hoy y probablemente tampoco en los próximos consta ni constará imagen oficial de su paso por tan relumbroso evento.
La ausencia de explicaciones claras, la falta de una agenda pública verificable y el elevado coste del desplazamiento han convertido la visita a Los Ángeles en uno de los episodios más cuestionados de su etapa en el Ejecutivo. Díaz viajó para asistir a la ceremonia en la que competía “Sirat”, la película del director gallego Oliver Laxe, pero ni su ministerio tiene competencias culturales ni se ha aclarado qué objetivos concretos perseguía su presencia en la gala.
La combinación de silencio institucional, opacidad en los gastos y un contexto político extremadamente adverso -y lo que les queda- ha alimentado un debate que sigue abierto y que deja a la vicepresidenta en el centro de una curiosa tormenta que trasciende lo político adquiriendo tintes de vergüenza institucional y representativa.
Según lo publicado estos días por distintos medios, el vuelo de ida en clase business tuvo un coste de 7.701,64 euros. Se trataba de un asiento en la cabina ejecutiva de un vuelo comercial de Iberia, la categoría más alta disponible en esa ruta.
A este gasto se sumó el billete de su jefa de gabinete, que viajó con ella en condiciones similares y cuyo coste rondaba una cantidad equivalente, gasto al que se sumarían después los correspondientes a alojamiento, dietas o servicios de apoyo, gastos que al tratarse, como el propio departamento de Vicepresidencia destacaba en una brevísima nota en su página web y no difundida como otras veces, de un viaje “institucional”, se cubren con cargo al presupuesto ministerial.
Las redes sociales de Yolanda Díaz -escaparate constante de posados, mensajes y estampas “cuidadosamente” elegidas- enmudecieron desde el fin de semana. Ni fotos del viaje, ni vídeo desde el aeropuerto, ni mensajes, nada desde Los Ángeles, mutismo digital que contrasta con el entusiasmo del pasado verano, cuando sí se dejó ver en Cannes junto a Oliver Laxe y el equipo de “Sirat” publicando los selfies del momento: alfombra roja, sonrisa y posado, vestido rojo de espalda descubierta, pendientes de relumbrón y paseo rumboso en La Croisette. Luminoso, mediterráneo y, sobre todo, muy “compartible”.
La vicepresidenta segunda aseguró ayer que su viaje a Estados Unidos para acudir a los premios Oscar, donde estaba nominada la película “Sirat” del cineasta Oliver Laxe, fue un gesto para defender la creación artística , recordando que el conselleiro de Cultura José López Campos, “también acudió e hizo muy bien”.
Así lo quiso trasladar Yolanda Díaz en la sesión de control al Gobierno del Senado ante las críticas que le dirigía la portavoz del PP en la Cámara, Alicia García, quien afeaba a la también ministra de Trabajo que se fuera a Hollywood para “desfilar en la alfombra roja” mientras muchos españoles tienen problemas para “llenar la nevera”. “Más de 7.000 euros de viaje, señora Díaz -señaló la senadora popular-, pero claro no podía ir de turista, no; tenía que ir en business y con su equipo. Igual pensaba usted recoger dos premios: el Oscar a la mejor película, la gran estafa o el Oscar al escaño cero en Castilla y León. ¡Comunismo de pancarta! Es tan falso como su feminismo y su pacifismo”, lanzaba desde su escaño Alicía García.
Frente al argumento desde la bancada del PP, Díaz replicó que con ese viaje ha hecho lo que hace todos los días por su país, que es “defender la creación artística”, algo que va a seguir desplegando al igual que hizo el conselleiro de Cultura de Galicia -insisitió en su argumento-, que con “gran acierto” fue como ella a “defender el cine gallego y el cine español”.
El conselleiro de Cultura, José López Campos, también viajo el pasado fin de semana a Los Ángeles como representante del gobierno gallego en la gala en la que competía Laxe. Lo hizo acompañado por el director de la Axencia Galega das Industrias Culturais, y como en su día hizo en la entrega de premios de Cannes. Para la Xunta, a la que López Campos representó en el viaje, este supone un paso más en el respaldo institucional al cine gallego y a uno de los embajadores de la campaña “Galicia Calidade”.
“Sirat” recibió financiación pública a través de las líneas de ayudas al audiovisual que la Xunta convoca anualmente para el desarrollo, producción y promoción de largometrajes. Desde que “Sirat” obtuvo su primer reconocimiento en Cannes, donde fue premiada en la Semana de la Crítica, la Xunta acompañó al director en su recorrido internacional. El presidente autonómico recibió entonces al director y al equipo en Santiago, destacando que “Sirat” situaba a Galicia en el mapa del cine europeo y que el talento gallego debía contar con el apoyo de las instituciones.
El pasado noviembre, el Consello da Xunta autorizaba la firma de un convenio de colaboración con Los Desertores Films, AIE, una de las productoras de la película, mediante el que la Consellería de Cultura cofinanciaría con 50.000 euros la campaña de promoción internacional del film en su carrera hacia los Oscar. Este apoyo al cuarto largometraje de Laxe se sumaba así a la subvención de 260.000 euros concedida para la producción de la pelicula.
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