“Chatbots” de IA: el nuevo confidente digital infantil

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Los familiares y tutores de niños y adolescentes deben fomentar en los menores el pensamiento crítico, la alfabetización digital y el desarrollo de habilidades sociales. La interacción digital mal entendida aumenta el aislamiento y genera una percepción distorsionada de las relaciones.

Conexión con la tecnología y la interacción con la realidad
Conexión con la tecnología y la interacción con la realidad | La Región

El auge de los chatbots (programa digital diseñado para simular una conversación con usuarios humanos a través de texto o voz) de inteligencia artificial ha redefinido la forma en que interactuamos con la tecnología, haciendo cada vez más humana una experiencia que elimina paso a paso las diferencias entre lo real y lo virtual.

Cuando se trata de los menores, esta interacción va más allá del uso funcional y empieza a adquirir un carácter emocional que puede llegar a generar relaciones de dependencia. Lo que comenzó como una innovación tecnológica orientada a facilitar el acceso a la información o resolver dudas de forma automatizada, ha evolucionado hacia un uso mucho más complejo, donde muchos jóvenes lo sienten como un canal para desahogarse, encontrar consuelo o sentirse escuchados.

La interacción real real debe prevalecer sobre las relaciones digitales basadas en algoritmos y en diferentes IA

Un análisis realizado por la plataforma online Qustodio destaca que esta tendencia puede derivar en una visión distorsionada de la amistad y en un menor esfuerzo por establecer vínculos reales, lo que a su vez incrementa el riesgo de aislamiento y soledad. Según el último estudio publicado por UNICEF, UNESCO y Kids Online Argentina. Este fenómeno suele darse en la preadolescencia y adolescencia, una etapa más vulnerable, en la que los menores comienzan a explorar el entorno digital de forma más autónoma y, en algunos casos, sin supervisión, donde más de la mitad de los menores de 9 a 17 años usan IA.

Padres y tutores deben estar atentos a señales como el aislamiento, los cambios de conducta, la reducción de las interacciones sociales o un exceso de tiempo frente a pantallas de los más pequeños, situaciones que pueden reflejar una dependencia emocional del uso de la tecnología.

Ante este tipo de situaciones es importante reaccionar de manera comprensiva desde la cercanía. Entre las soluciones está realizar un acompañamiento activo y ofrecer una educación emocional desde pequeños, ya que los niños deben aprender a distinguir entre la tecnología y las relaciones humanas, además de llegar a entender que la IA puede ser útil, pero nunca un sustituto de una amistad real. También son útiles las herramientas digitales que permiten a las familias observar las visitas de sus hijos a determinadas webs o el tiempo de uso de ciertas aplicaciones, para ser conscientes de su vida digital y del uso que hacen de internet.

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