NIÑOS Y ADOLESCENTES
La educación digital gana terreno a las redes sociales
NIÑOS Y ADOLESCENTES
La presencia de la tecnología en la vida de niños y adolescentes es hoy una realidad incuestionable. Internet, las redes sociales, los videojuegos y las plataformas de contenidos forman parte de su día a día, por lo que el reto ya no es evitar su uso, sino acompañar a los menores para que desarrollen hábitos digitales seguros y responsables.
La plataforma de análisis digital ThinkYoung realizó una encuesta con unos resultados que reflejan que nueve de cada diez padres españoles consideran que su principal responsabilidad es educar, supervisar y establecer límites en el uso de la tecnología. La mayoría apuesta por herramientas de control parental y por regular el tiempo de uso antes que por prohibir completamente el acceso a las redes sociales.
Los datos oficiales muestran también la magnitud del desafío. Según el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), el 96 % de los menores en España utiliza Internet y el 95,8 % emplea ordenadores o tabletas, mientras que casi siete de cada diez ya disponen de teléfono móvil propio. Además, el 94 % de la población considera necesarias medidas de protección como la verificación de edad y los controles parentales.
La preocupación de las familias está justificada. Entre los riesgos más frecuentes destacan la exposición a contenidos inapropiados, el ciberacoso y el contacto con desconocidos. Un informe impulsado por Unicef y organismos públicos señala que más de la mitad de los jóvenes ha interactuado alguna vez con personas desconocidas a través de Internet, lo que evidencia la necesidad de una supervisión activa por parte de los adultos.
Sin embargo, los expertos coinciden en que la protección no puede basarse únicamente en restricciones. La Agencia Española de Protección de Datos insiste en la importancia de combinar seguridad, educación digital y bienestar tecnológico para garantizar una experiencia online adecuada para la infancia y la adolescencia. Hablar con los menores sobre los riesgos de Internet, establecer normas claras, supervisar su actividad de forma proporcional a la edad y dar ejemplo con un uso responsable son algunas de las medidas más eficaces. En definitiva, la educación digital debe entenderse como una tarea compartida entre familias, escuelas, administraciones y plataformas tecnológicas.
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