La tendencia de cambiar un smart por un dumb phone y ganar vida real
TECNOLOGÍA
Un 12,2 % de los usuarios ha cambiado su móvil por un teléfono tonto. Es la opción elegida por algunos para reducir el tiempo de consumo de contenidos a través del teléfono móvil
Los dumb phones son los conocidos como teléfonos tontos que cada vez más personas deciden usar haciendo gala de una opción personal que consideran la más inteligente. No son mayoría. En España los usuarios de teléfonos inteligentes (smart phones) son unos 43 millones, cuando la población total alcanza los 48,35 millones de personas, según datos del INE. Pero lo cierto es que la vuelta a la telefonía simple va sumando adeptos. El estudio Generación SPCial sobre hábitos de desconexión digital de los jóvenes, que recoge las posturas de españoles entre 18 y 35 años, revela que el 75,5 % se ha propuesto utilizar el móvil durante menos tiempo y que el 56,5 % se ha planteado someterse a una desintoxicación digital.
Los que ya lo están intentando son los mismos que presumen de usar los móviles sólo para llamar, para consultar la hora, los que frecuentan bares sin pantallas o locales que fomentan rincones de lectura o apuestan por charlas sin límite de tiempo en torno a temas que precisamente no suelen partir de un story o un reel de moda. Son viejos hábitos ahora recuperados por cada vez más personas de todas las edades, por los mayores y también por grupos de jóvenes, principalmente de la Generación Z. Se obligan a ir contracorriente y a cambiar su teléfono listo por un terminal de los de primera generación, con tapa y con poco de smart.
Famosos que generan debate
Este movimiento fuerza esa renuncia para ganar en vida real, en sensaciones y experiencias físicas; y dejar atrás tanta carga de relaciones virtuales y la generación de dopamina a través de un consumo de contenidos que consideran desmedido. Además de bajar el nivel de dependencia en los adultos, destacan la importancia de frenar el uso de los teléfonos inteligentes a edades tempranas. El 78,3% de los alumnos de entre los 10 y los 11 años está registrado en alguna red social y el 19,9% se conecta a ellas más de 10 horas los fines de semana, según revela el informe ‘Infancia, adolescencia y bienestar digital’, elaborado por Red.es, Unicef España, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática.
“Estar más presentes” es una de las frases que más repiten. Algunos nombres conocidos, como Woody Harrelson o Sarah Jessica Parker, han renunciado a los smart phones por razones de privacidad, para estar más en el ahora y también, en algunos casos, para evitar el acoso en línea. La reducción del tiempo de uso del móvil es el objetivo para Harrelson, que llegó a confesar que superaba su límite de tiempo de pantalla antes de las 9:30 de la mañana sólo respondiendo mensajes. La opción de Ed Sheeran y Tom Cruise, por ejemplo, pasa por el uso alternativo de otros dispositivos, como iPads, para mantenerse comunicados, pero no abusar de las pantallas
Comprar un modelo tonto o atontarlo
Para sumarse a esta tendencia y ponerse a prueba hay tres opciones. La primera pasa por comprar un teléfono vintage, de los de pantalla pequeña y olvidarse de pellizcar o deslizar en la pantalla del teléfono con el dedo para bucear en Internet. El extremo contrario consiste en convertir el smart phone en un móvil analógico o clásico con el fondo de pantalla en negro que se consigue instalando una aplicación. En terminales iphone puede ser la que se llama también Dumb phone y en los terminales Android también se puede dejar en lo básico el teléfono instalando la aplicación Dumbify. Y hay una tercera alternativa intermedia que es el uso de un feature phone, que no sería compatible con redes sociales como Tik Tok o Instagram, pero sí con servicios de mensajería. Esta solución menos rígida permite, según los expertos, controlar el tiempo de dependencia del teléfono móvil, pero al mismo tiempo no aislarse completamente de todos los círculos o canales de comunicación.
El cambio de hábitos está planteado y habrá que estar atentos a cómo se comportan los usuarios que se mantienen hiperconectados frente a los que optan por un consumo contenido o respetando la desconexión digital.
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