Obituario: un ángel voló al cielo

Obituario: un ángel voló al cielo

Estoy plenamente convencido de que los canónigos ourensanos al menos tenemos a dos capitulares intercediendo por nosotros en el Cielo. Y los dos fueron penitenciarios de la Catedral ourensana. Uno, D. Rogelio Vázquez Ascariz (Morgade 6.06.1904-Ourense 15.06.1963) a quien me encomiendo siempre, y el otro acaba de dejarnos: D. Magín Yáñez Casal.

Pequeño físicamente pero ¡qué grande era Don Magín! Grande su fe, grande su cercanía, muy grande su espiritualidad sencilla porque acaso asimiló como pocos aquello de que de los que son como niños es el Reino de los Cielos. Cumplidor infatigable de todas las misiones que le fueron encomendadas meticulosamente dedicado a su sacerdocio.

Sus largos años como padre espiritual del Seminario Menor marcaron una época. Todos los días, y soy testigo de ello, les dirigía a primera hora de la mañana la meditación a los niños. Siempre cosas nuevas y provechosas que los seminaristas, que entonces eran más de doscientos, escuchaban sin parpadear. A todos recibía, a todos aconsejaba y para todos tenía la palabra precisa en cada momento.

Pasó luego a capellán de la Residencia San José de las Hermanitas de los Ancianos y tuve la suerte de ayudarle varias semanas santas que recuerdo con provecho. Aquellas homilías las llevaba muy preparadas y adaptadas para los que tenía delante como en su momento se adaptaba a los más pequeños del seminario.

Como canónigo penitenciario cultivó aquello que durante toda su vida había practicado escrupulosamente, que fue el sacramento de la Penitencia. Confesor constante le dedicó al confesionario interminables horas de su vida atendiendo a niños, mayores, sacerdotes, para todos estaba dispuesto siempre.

Su hermano Adolfo, catedrático en Lisboa, me comentaba cuando murió su hermana Margarita que este hecho había sido un irreparable golpe para Don Magín. Cierto. Toda la vida fue una persona delicada y siempre necesitaba de los cuidados que su hermana le dispensó sin escatimar esfuerzos. Al final ella se fue antes, él quedó muy hundido y sintiéndose solo por lo que se fue a vivir a la Casa Sacerdotal.

Sin duda un ángel que voló al cielo justo en la novena de Los Milagros. La Virgen le habrá recibido y Don Rogelio también. Nunca le vi enfadado, era paciente, sufrido, cercano y en definitiva bueno. Su currículo da fe de ello. Nació en Atás (10.02.1927) y fue ordenado sacerdote en Ourense (17.06.1951). Su pasó fue largo en el seminario desde 1951 hasta 1982; en las Hermanitas desde 1985 al 98, después de un nombramiento nada fácil en su momento para sustituir a Don Francisco Pérez. Supo entonces comprender muy bien los avatares del obispo para nombrarle para la Residencia entonces de la avenida de Buenos Aires y más tarde en Rairo, a donde también se incorporó. Era canónigo desde 1991.

Descanse en paz Don Magín e interceda por nosotros que falta nos hace. Sin duda alguna intercederá por la diócesis y en concreto por sus seminarios a los que amaba sin fisuras.