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Celsius Pictor y el misterio de los grillos zombis

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Reportaje

Celsius Pictor y el misterio de los grillos zombis

El ourensano ilustra el álbum “Los devoradores de mentes”, un compendio de historias verídicas y fascinantes sobre hongos e insectos controladores de cerebros

Los grillos no saben nadar, pero de vez en cuando alguno salta voluntariamente al agua, en un inexplicable impulso suicida. ¿Por qué? La culpa es de un taimado gusano que parasita al grillo y crece escondido en sus tripas… hasta que decide salir. Entonces, segrega una sustancia que nubla la mente de su huésped y le hace desear la luz reflejada en las charcas; tanto, que el grillo zombi acaba en el agua, pataleando indefenso mientras se ahoga y ve -con horror- como el gusano sale de su cuerpo, libre al fin.

“La vida se abre paso. Es terrorífico pero -al mismo tiempo- también es maravilloso, ¿no?”, comenta el ilustrador ourensano Celsius Pictor, señalando uno de los insectos mecánicos que pueblan su álbum “Los devoradores de mentes”, editado por Thule y escrito por el divulgador David Blanco. Pictor pone imágenes a una veintena de casos reales de parásitos que anulan la voluntad de sus huéspedes.

Un hongo que paraliza a las hormigas y las empala con un tallo, una larva que devora el interior de los ojos de los caracoles, o un paramecio que acerca los ratones a los gatos son algunas de estas historias. “La naturaleza no juzga, son simplemente mecanismos de supervivencia”, destaca el ourensano, y lo relaciona con el omnipresente coronavirus: “El covid-19 no piensa, solo sabe que se tiene que reproducir, aunque sea matando a su huésped”, reflexiona.

Pictor ha dedicado un año a “Los devoradores de mentes”, su primer álbum ilustrado. “Este tipo de trabajos te lleva mucho tiempo, y no suele reportar mucho beneficio, pero decidí hacer este libro pensando en cómo disfrutaba de este tipo de obras cuando era pequeño”, añade, y piensa en los lectores jóvenes que puedan descubrir estas historias a la vez terribles y bellas. 

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Colores venenosos y máquinas vivas

El libro es un mano a mano entre los textos de Blanco -cercanos y con un punto de humor- y las ilustraciones de Pictor, que siguen la estela habitual en su trabajo. “En este caso, es una combinación de grabados antiguos con ilustración digital, pero de tal manera que no se nota donde acaba una cosa y empieza la otra”, explica el ourensano, experimentado en la técnica del collage. Un ejemplo: una hormiga cuya cabeza está construida a partir de dos antiguas rejas de arado.

Esta combinación de tradición y modernidad da lugar a unas criaturas mecánicas únicas, que “saltan” de la página gracias al tratamiento del color. Verdes ácidos, púrpuras chillones y azules eléctricos pugnan por la atención del lector: “El libro tiene este ambiente de terror o misterio, y este color venenoso -como de peligro biológico- funciona muy bien”, destaca el ilustrador. “Los estudiantes de ilustración de Ourense tienen un nivel altísimo”.

Nacido y formado en la ciudad -estudió Ilustración en la EASD Antonio Faílde-, Pictor reside actualmente en Madrid. Comenta que sigue lo que se mueve en Ourense gracias a la conexión con la escuela, con la editorial Aira y con el festival Allariz Debuxado, y se sorprende para bien. “Yo doy clase aquí en Madrid, y te digo una cosa: el nivel de los alumnos de Ourense es acojonante”, asevera el ilustrador.

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¿Su mensaje a las nuevas generaciones? “Cuando estudias te insisten mucho en que tienes que encontrar tu estilo y petarlo desde que sales al mundo laboral… pero no suele ser así: yo llevo 20 años haciéndome un hueco”, reconoce, realista. De hecho, hasta 2013 no comenzó a practicar con el collage, el estilo que define su obra a día de hoy: “Nadie está haciendo lo mismo que yo, y tengo la suerte de que a la gente le gusta”, apunta.

Además de “Los devoradores de mentes”, Pictor tiene en marcha una exposición en Girona, y está pendiente de que se publique el libro “Kafka en Maracaná”, del que ha hecho la portada. Mirando al futuro, apunta varias vías: “estoy empezando a generar obra más libre, más artística, y también voy a intentar abrirme al Reino Unido, parece que mi estilo tiene tirón por ahí”. Por el momento, se le puede descubrir agazapado entre aves mecánicas y grillos zombis.