La Región
Nuestros municipios
CARTA AL DIRECTOR
Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando un soldado estadounidense caía en combate, su familia recibía una carta personal del Estado. A veces, incluso un oficial se presentaba en su casa para dar el pésame en nombre de toda la nación. Era un gesto simbólico, pero profundamente humano: detrás de cada baja había una historia que merecía respeto.
Hoy se cumplirá un año de la tragedia de la dana de Levante. Doscientas treinta personas perdieron la vida y tres siguen desaparecidas. Detrás de esas cifras hay familias rotas, fotografías que duelen y silencios que pesan. Sin embargo, ningún representante estatal ni autonómico se ha acercado a sus domicilios para ofrecer consuelo o una palabra de apoyo.
¿De verdad cuesta tanto dedicar unos minutos a mirar a los ojos a quienes lo han perdido todo? ¿Qué pesa más, una agenda institucional o una vida humana?
La humanidad debería ir siempre por delante de la política. No se trata de protocolo, sino de empatía y respeto. Los ciudadanos no piden milagros, solo cercanía y reconocimiento a su dolor.
Pero parece que eso se ha vuelto una utopía. Nuestros dirigentes parecen más preocupados por conservar su cargo que por consolar a su gente. Y así crece la distancia entre las instituciones y los ciudadanos, entre los despachos y las calles.
Porque cuando un gobernante olvida dar el pésame a su pueblo, no solo falla como político: falla como persona.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
O mundo ten alzheimer?
Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Moitos non teñen avoa
Jenaro Castro
MORRIÑA.COM
Vai chover, carallo