La Región
Álvaro no debería jubilarse nunca
Amigas y amigos:
Álvaro Castro, cual Quijote con amorosa melancolía del colegio salesiano, dice estos días para sus adentros: “Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”. Y sintiendo que durante 40 años había encontrado nidos en su colegio de siempre, el 7 de octubre se retira de sus clases magistrales, con nostalgia de sus compañeros de antaño y de sus chavales de hogaño.
Un salesiano veterano escribió sobre los primeros años de Álvaro en el colegio: “Persona sociable y amable en el trato; acogedora y disponible; educador competente y entregado a los educandos; siempre fiel al ideario del centro. Siempre practicó la sabia pedagogía de Don Bosco: profesor cercano, de confianza, de diálogo, de presencia activa y preventiva”. Y esto, roturando caminos en Lengua, Literatura y Educación Física.
Álvaro, el día 15 del pasado agosto, escribió sobre el profesor Armindo de Francisco Mera, recién fallecido: “Fue uno de los maestros más queridos de cada promoción escolar en Salesianos…” Y de Armindo como tutor nos recordó: “Tenía una actitud siempre conciliadora, empática y aderezada con honesto interés hacia sus pupilos…”.
Álvaro Castro Castro, siempre con la cara vestida de una sonrisa, nació en Salamonde (San Amaro), tierra de castros, tierra del Castro de San Cibrán de Lás. En su parroquia, además de muchos castros y buena gente, hay ricas cerezas, que Álvaro compartía con gusto en su colegio de siempre. Antes y ahora, Álvaro encuentra tiempo para ayudar en su concello, en su parroquia y en su pueblo. Sin destacar ni lucir, anima y une siempre a la gente.
El segundo fin de semana de este septiembre se desplazó con tres compañeros del colegio hasta Astudillo (Palencia) para disfrutar del XLV concierto de la orquesta Pulso y Púa astudillana, en el Real Monasterio de Santa Clara de la villa, dirigida por su amigo Eusebio Martínez. Con ese motivo dijo Álvaro: “Algunas personas no deberían morirse nunca”, y vistió su rostro con otra sonrisa de satisfacción y alegría.
Amigas y amigos, el personal de Salesianos expresa hoy: gracias y feliz otoño vital, joven Álvaro. Ahora, desde el monte de San Trocado, tendrás tiempo para soñar con el fluir del Miño, las tierras de Carballiño y las montañas de Faro de Avión y de Martiñá, sin olvidarte de tu ciudad ni de tu colegio. Gracias, Álvaro. Esta es tu casa para siempre.
Adolfo Requejo Rodríguez (Ourense)
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