La Región
Educar desde el sufrimiento
Desde muy antiguo, las órdenes religiosas consideraban como un paso necesario e insustituible la formación en el sufrimiento. Para ello se regulaba la atención a los enfermos y a los mayores y a los socialmente excluidos. Educar desde la mirada de las víctima es hacerlo desde el otro lado. Es educar desde la experiencia de quien padece y sufre la injusticia, tratando de ver el mundo desde ese ángulo. Educar la mirada desde el que sufre implica cruzar un límite, traspasar la frontera, cambiar la trayectoria, modificar la dirección de la mirada. Se trata de ver el mundo desde el sufrimiento que impone la irracionalidad, la incomunicación para entender en qué puede consistir esa modalidad de la educación, cuyo punto de arranque no es una supuesta idea del bien, sino la experiencia histórica del mal. Pensamos por ejemplo en las barbaridades cometidas en la Guerra Civil.
La experiencia de la percepción de lo dramático del mundo del sufrimiento, que salpica al educador más allá de lo que ha estado dispuesto a aceptar tradicionalmente, está en relación con el modo como experimentamos los sentimientos y con la forma en que sentimos el mundo o nos sentimos. Y los sentimientos tienen formas históricas determinadas. Su significado se ha de analizar dentro de un contexto social determinado. Toda cultura necesita transformar el modo de percibir el sufrimiento, la injusticia, la opresión. Necesita conferirles un significado para que la vida humana resulte soportable, porque en ausencia de todo sentido, la vida deja de ser humana aunque sea todavía “visible”.
Educar la mirada desde la víctima de la injusticia, con el pensamiento puesto en los escenarios de tortura, es aprender a ver y a analizar, a dejar de estar ciegos. La historia de todas las represiones ayuda a educar nuestra mirada, forzando nuestra visión, ayudándonos a quitarnos el velo de los ojos que nos impide ver la realidad en sí misma.
Pensemos en las víctimas de nuestros escenarios sociales. En las víctimas de nuestro mundo rural vaciado, las víctimas por falta de asistencia médica adecuada. ¿Qué mundo nos presentan quienes sufren de ese modo? ¿Cuál es su voz?
Moncho Ramos Requejo (Maceda)
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