La Región
Un ático en Chamberí
Los gimnasios están llenos. No sabemos si de personas decididas a mejorar su salud, de ciudadanos que huyen del sofá o de individuos que buscan refugio de una realidad bastante menos moldeable que sus abdominales. En cualquier caso, las máquinas están ocupadas, los espejos trabajan a pleno rendimiento y las redes sociales agradecen tanta entrega.
La neurociencia advierte de que no podemos pasar de la inactividad a correr una hora o prepararnos para un maratón de la noche a la mañana. El cerebro no entiende de milagros ni de propósitos de enero: necesita adaptación, moderación y constancia. También nos recuerda que más ejercicio no siempre equivale a más beneficio y que cualquier actividad física es preferible al sedentarismo, aunque la naturaleza sea un entorno más favorable que el gimnasio.
Quizá convendría recordar que el ejercicio no es una penitencia ni una competición permanente
La advertencia llega en un momento oportuno, cuando muchos han convertido el gimnasio en una especie de santuario contemporáneo: allí se expían los excesos del fin de semana, se negocia con la conciencia y se intenta comprar, a golpe de cuota mensual, una versión mejorada de uno mismo. El problema es que el cuerpo reclama paciencia mientras el mercado vende resultados exprés, camisetas ajustadas y transformaciones para antes del verano.
Quizá convendría recordar que el ejercicio no es una penitencia ni una competición permanente. Caminar, subir escaleras o abandonar de vez en cuando el sofá ya serían gestos revolucionarios en una sociedad que pretende alcanzar la cima sin molestarse en dar el primer paso.
Porque, al final, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿sin esfuerzo, hay ganancia? Solo en la publicidad. Luego llegará septiembre, tras un veranito con sus cervecitas, sus comiditas y su barriguita de recuerdo. Y el gimnasio, una vez más, será convocado como salvavidas de emergencia, mientras olvidamos que no basta con poner el cuerpo en movimiento: también hay que convencer al cerebro.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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