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CARTAS AL DIRECTOR
La sinrazón manda
Era una noche veraniega de los primeros días de agosto. Decidimos reunirnos (mi mujer, mi hijo y yo), para disfrutar del espectáculo gratuito de esa noche: la puesta en escena de la Luna. Nuestro inseparable satélite apareció, sobre la línea del horizonte, acariciada por las aguas del mar Mediterráneo, y con el tono rojizo que le presta el astro rey como traje de gala.
En su imperturbable ascensión, la tonalidad va mostrando el blanco inmaculado de su alumbramiento, hasta alcanzar el cénit reglado por la afinada e invisible orquesta gravitatoria. La Luna coge el testigo del Sol, para iluminar la sutil belleza de estos conciertos gratuitos que, el Universo nos ofrece, desde los albores de su creación. Esta vez, el anfiteatro natural, fue desde la Colina del Sol, en Calpe (Alicante). ¿Cuántos anfiteatros y espectáculos ignotos podríamos visitar?
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