Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
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Nuestra Constitución, en su artículo 128 indica nítidamente que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Las eléctricas que amenazan con cerrar las nucleares, usando a la ciudadanía como rehén, ¿entienden lo que este artículo implica? ¿Saben que, asimismo y en base al interés general, la Carta Magna también ampara al Estado a “intervenir empresas”?
Estos ejecutivos, antes de desa-
tar la lengua y mentir sobre su rentabilidad, deberían asesorarse sobre las normas que componen nuestro ordenamiento jurídico y que, jerárquicamente, están por encima de cualquier otra.
Y mientras el Gobierno protege a ciudadanos y empresas, la derecha anticonstitucional, medios cavernarios incluidos, vociferan enfurecidos ante la defensa de lo colectivo en unos momentos en los que la desvergüenza de las eléctricas, unidas a una legislación indecente y una privatización perversa del sector, están poniendo a España contra las cuerdas.
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