Divagar a la hora de la siesta
Antes del saludable pestañeo, después de la sobremesa, me da por pensar que… como individuos, pocas cosas nos capacitan para estar orgullosos de nuestro paso por este planeta; colectivamente, quizás algo más, pero con demasiadas carencias intelectuales. Todo ello, visto desde el “espejo” engañoso donde (a diario) nos miramos con demasiada vehemencia.
Al otro lado de ese espejo, está la “otra realidad”; la que nos libera de las ataduras físicas que nos encadena a ese “yo” corto de vista y pendenciero. Dejarse llevar por la corriente empírica de nuestro destino, nos hará ver con claridad que, nuestras neuronas, pueden estar al servicio de otros sistemas, científicamente por desarrollar, pero de gran magnitud dimensional.
De momento, la clásica siesta española (sin ser asignatura universitaria) también nos deja divagar sobre otras alternativas del aburrimiento existencial… Poco después, unos ladridos me despertaron.
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