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OBITUARIO | Setién, una de las mejores cabezas del episcopado

Publicado: 11 jul 2018 - 19:10

nnn Sin lugar a dudas ha sido uno e los prelados más emblemáticos del postconcilio. Le promocionó al episcopado el obispo Jacinto Argaya que lo quiso de auxiliar y a quien sucedió después de una carrera llena de títulos y servicios a la Iglesia comenzando por la Universidad de Salamanca a la que estuvo ligado como profesor y también en el Seminario de Vocaciones tardías. Un currículo que revela su gran categoría intelectual tras su paso también por Vitoria y Roma.

El obispo José María Setién Alberro (18.3.1928-10.7.1918) ejerció su ministerio además en Santander y luego en su tierra de San Sebastián primero como obispo auxiliar (1972-79) y a continuación como titular de la Iglesia en Donostia hasta el año 2000 en que Roma le jubiló “por razones de salud”. También es cierto que su corazón había tenido diversos problemas.

En varias ocasiones tuve la oportunidad de hablar con él y siempre me causó una muy buena impresión frente a los que le recriminaron duramente su compromiso con el nacionalismo abertzale. Conviví junto a él en varias reuniones de la Conferencia Episcopal de entonces y observé en él una gran piedad, con el rosario en su mano por los pasillos o en recogida oración en la capilla. Era un hombre muy inteligente y piadoso.

Siendo de ideas bien distintas él y mi querido obispo Temiño, se tenían una gran estima y respeto. Les gustaba a ambos discutir de teología. Cuando escribí la biografía del obispo ourensano al primero que le pedí colaboración fue a Setién que me respondió a vuelta de correo con dos hermosos folios que emanan ese reconocimiento que ambos se tenían y que publiqué con mucho gusto. Los dos eran muy inteligentes desde visiones teológicas muy dispares. Le oí a Temiño muchas veces que Setién era una de las mejores cabezas del episcopado de entonces. Así lo creo. Como también escuché a un cardenal la afirmación de que Setién, Temiño, Guerra y Palenzuela eran grandes teólogos de aquel episcopado.

Su compromiso con la situación vasca (siempre condenó las formas de ETA) personalmente lo comprendo en su afán de buscar una paz desde su manera de pensar y, sobre todo, desde el conocimiento de la idiosincrasia vasca. Tiene numerosas publicaciones todas ellas interesantes y para ser leídas con una perspectiva que sólo los años conceden. Siempre con el tema vasco de fondo.

Hay una frase suya que a mi me pareció poco lograda y que un día se lo hice saber. Dijo en cierta ocasión: “Condenamos la violencia venga de quien venga”. Perdone don José María, le dije, hay una gran diferencia entre la violencia etarra y la que ejercen a veces las fuerzas de seguridad del Estado para custodiar al pueblo que ha puesto para ello las armas en sus manos. “Tal vez tengas razón, me respondió, y acaso no estuve acertado”.

En el lugar de la luz, la paz y el sosiego en el que espero goce eternamente, la justicia divina le revelará toda la verdad. Descanse en paz, monseñor Setién, se lo deseo de todo corazón, porque sin duda allí las cosas se ven de forma distinta y se verán sus intenciones y el amor a su querido pueblo vasco y a las víctimas de la atroz ETA.

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