La Región
Paletilla
Hace unos días, sufrí y padecí un decaimiento espiritual, llámese “caída de la paletilla” que dicen con sabiduría y condescendía irónica los paisanos de este mi pueblo, -pérdida de apetito, cansancio general. pesadez de cabeza y algo de somnolencia, vamos lo que se dice un bajón o trancazo -todo ello unido a que la taza de vino no tenía el sabor cotidiano de todos los días- que eso sí que es desgracia. La solía dejar casi llena y ello dio motivo y tiempo para que mis compañeros de ronda me aconsejaran con ojo clínico que lo que yo tenía era con toda probabilidad una caída de la paletilla.
Para tal remedio había una curandera a unos cuantos kilómetros que solo ejercía por compromiso o parentesco y que alguno de la ronda tenía cierto predicamento e influencia con ella.
En un principio, yo lo tomé, como tenía que tomarlo, con sorna acompañado de Ribeiro.
Pero el caso era que no había atisbo alguno de mejoría.
Una tarde-noche apareció por sorpresa en la taberna un tal Migueliño, que se había marchado a hacer la mili a Cartagena y allí se había quedado, casado, separado y malviviendo con un auténtico gitano que le obligaba a robar naranjas, limones, melones y sandias cuando la temporada poniéndolas en la orilla de lacarretra para su venta al tráfico que por allí circulaba.
El moinante de turno que siempre existe en tales rondas o asociaciones recordó que hace años había visto practicar tal sortilegio al Miguelliño. Con unas cuantas copas de coñac que era su bebida favorita lo convencieron y “en un tris” me vi rodeado y llevado en volandas al trastero de la taberna,allí me sentaron en el suelo y me pusieron pegado a la pared, entoncs me acordé de Caneda que también estuvo en igual postura; entre la espalda y la pared.
El caso es que me dejé y alzándome las manos por encima de mi cabeza hasta igualar las puntas de los dedos, diagnosticó con absoluta certeza el Migueliño que aquello era caida de paletilla. No oí bien lo que musicó, que algo rumió entre dientes mientras trataba de levantarme del suelo por las dos manos unidas.Una vez ya levantado volvimos a la barra. Y entre risas y burlas con el curandero fue pasando el tiempo. Ya nadie se acordaba del conjuro, sólo el más perspicaz del grupo dio la voz de alarma haciendo referencia, ante mi propia extrañeza, que era capaz de acabar por completo la taza de vino y que ahora me sabía a vino.
Puede ser que muchos, incluso los más incrédulos, no me crean, pero ahí están mis amigos de ronda y el Migueliño que pueden dar fe de lo que digo. Eso sí, para que testimonien y certifiquen lo dicho quizás haya que invitarles a unas tazas y, siempre antes de principiar la ronda de turno.
José Rodriguez Gómez (Negreira)
Contenido patrocinado
También te puede interesar
La Región
Paletilla
La Región
CARTAS AL DIRECTOR
A la chita callando
La Región
CARTAS AL DIRECTOR
Oleada de migrantes en Ceuta: un problema para toda la UE
La Región
CARTAS AL DIRECTOR
Tontos
Lo último
TERCERA FEDERACIÓN
Cuenta atrás para el Antela
Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Seguimos agardando
Jenaro Castro
MORRIÑA.COM
Discurso imaginario