El gasto en IA comienza a pesar a las grandes tecnológicas de Estados Unidos

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Julius Baer advierte de que los gigantes de la nube están reinvirtiendo buena parte de sus beneficios en una carrera de infraestructuras cada vez más costosa, mientras los proveedores asiáticos capturan las ganancias inmediatas

Seguimiento de las bolsas
Seguimiento de las bolsas | Europa Press

Las grandes tecnológicas de Estados Unidos están dejando de comportarse como las extraordinarias máquinas de generación de caja que dominaron Wall Street durante la última década. La carrera por la inteligencia artificial las está transformando en algunas de las mayores inversoras del mundo, hasta el punto de que continúan destinando cantidades crecientes de capital a centros de datos, chips, energía y redes antes de tener claro que esas inversiones podrán monetizarse a una escala suficiente.

Esa es la principal advertencia de Yves Bonzon, director de inversiones de Julius Baer, quien señala que el actual ciclo de la IA funciona de forma muy distinta a anteriores revoluciones digitales, pues mientras internet y las redes sociales permitieron a las grandes plataformas crecer con modelos relativamente ligeros en activos, la IA requiere una estructura comparable a la construcción de las redes ferroviarias, eléctricas o de telecomunicaciones.

En este punto, el informe de la entidad financiera suiza advierte que "una gran parte del valor económico generado por la IA sigue circulando dentro de su propio ecosistema", en torno al 85%, de modo que "su impacto en la economía real a corto plazo" es de carácter limitado.

Así pues, subraya que los beneficiarios inmediatos de este despliegue no están siendo necesariamente las compañías que desarrollan los grandes modelos de IA, sino los fabricantes de semiconductores, equipos y componentes críticos que permiten construirlos —buena parte de ellos, radicados en Asia— e incluso los responsables de poner en marcha la infraestructura que requieren.

De hecho, Bonzon sostiene que esta dinámica de que los grandes grupos estadounidenses asumen la mayor parte de los costes y del riesgo financiero mientras otros capturan las ganancias inmediatas ya está comenzando a reflejarse en bolsa. Esas grandes compañías de EEUU vinculadas a la IA han quedado rezagadas frente al conjunto del mercado, pese a concentrar buena parte del gasto corporativo, debido a que su nivel de reinversión de los beneficios reduce su capacidad para generar flujo de caja libre.

¿Crecimiento insostenible?

Para Julius Baer, el riesgo no guarda relación con un frenazo de la inversión en IA a corto plazo, sino todo lo contrario: que continúe creciendo hasta hacerse insostenible. Y es que una monetización más lenta de lo previsto, el aumento de la competencia china, una adopción empresarial más prudente o una evolución decepcionante de las compañías de IA que lleguen a bolsa podrían actuar como detonantes de una corrección.

Es por ello que mantiene su apuesta por la diversificación internacional y recomienda limitar la exposición a Estados Unidos a empresas con ventajas verdaderamente difíciles de replicar; al tiempo que plantea compensar el entusiasmo en torno a la IA con compañías defensivas, beneficios más estables y valoraciones menos exigentes.

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