El poder de Trump y el rumbo de los mercados, a prueba en las midterms

Elecciones

Las encuestas dan ventaja a los demócratas ante las elecciones del día 3 en Estados Unidos, lo que anticipa mayores límites a la agenda presidencial

Donald Trump visita la planta de Ford en Dearborn, Michigan.
Donald Trump visita la planta de Ford en Dearborn, Michigan. | Daniel Torok

Donald Trump no figura en las papeletas, como él mismo se ha encargado de recordar, pero las midterms decidirán con qué margen gobernará durante la segunda mitad de su mandato. El próximo martes, los ciudadanos de Estados Unidos están llamados a renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los cien asientos del Senado; y en la misma fecha se votará al gobernador en 36 de los 50 estados.

A esta cita con las urnas llegan los republicanos defendiendo una estrecha mayoría, pero con las encuestas en contra. Junto con el aluvión de participación demócrata en las votaciones anticipadas, la media de los sondeos actualizada por Silver Bulletin recoge una ventaja de más de ocho puntos a favor de los progresistas que podría desnivelar la situación actual, en la que el partido de Trump cuenta con cuatro diputados y ocho senadores de diferencia sobre la principal fuerza de la oposición.

Perder la Cámara a manos de los demócratas bastaría para complicar al presidente la aprobación de nuevas leyes fiscales y presupuestarias, y ceder también el Senado implicaría negociar cualquier nombramiento de jueces federales o de ciertos miembros de la Reserva Federal para evitar un bloqueo.

Por tanto, aunque el inquilino de la Casa Blanca retendría en todo caso el veto presidencial y amplias facultades ejecutivas en comercio y política exterior, el resultado de estos comicios va más allá de un juicio electoral del segundo mandato de Trump o de un termómetro político, ya que puede condicionar el rumbo de la primera economía del mundo, con consecuencias sobre el dólar, la bolsa y una deuda cuyo coste de financiación preocupa ya en los mercados.

La economía, en el foco

Con la economía dominando el clima electoral, según los diferentes estudios de opinión, el alza del coste de la vida convierte estas elecciones en una prueba especialmente exigente para el magnate neoyorquino. La subida del precio de los combustibles a raíz de su decisión de intervenir en Irán puede eclipsar lo que ha sido su prioridad en materia económica, la protección de la industria estadounidense mediante aranceles, y pasarle factura en las urnas.

Partiendo de este escenario, con el barril de petróleo por encima de los cien dólares, tratar ahora de aliviar la presión sobre los hogares pondría a prueba las cuentas públicas: con la rentabilidad del Tesoro a diez años en el entorno del 5%, toda medida que amplíe el gasto hará aumentar las necesidades de financiación de Washington y su futura carga de intereses. Y mientras JP Morgan pone el acento en una situación caracterizada por el aumento de déficit y deuda, la gestora del grupo Allianz tiene clara una cosa: "la consolidación fiscal parece improbable con cualquier resultado".

Futuro de los bonos

Para los bonos, la diferencia residirá en si el nuevo esquema de poder impone frenar los estímulos fiscales —de lo que saldrían beneficiados— o apuesta por elevar el gasto —con lo que podrían perder valor—, y esa predicción no encuentra consenso entre los analistas.

Lombard Odier prevé que un ejecutivo republicano maniatado por una mayoría demócrata tendría más difícil aprobar nuevos gastos o rebajas fiscales, lo que aliviaría la presión sobre la deuda a largo plazo, y la firma de inversión estadounidense Wellington comparte ese argumento.

En cambio, Carmignac plantea una posibilidad diferente. Raphaël Gallardo, el economista jefe de la gestora francesa, sostiene que una victoria demócrata en ambas cámaras podría dar como resultado un pacto con Trump para aumentar tanto el gasto militar como el de carácter social, cubriendo así las prioridades de ambas formaciones. De hecho, en un reciente informe centrado en la situación política estadounidense, calcula que ese supuesto aportaría un estímulo fiscal equivalente a, aproximadamente, el 1% del PIB, aunque el aumento del déficit o las expectativas de inflación podrían elevar las rentabilidades y hacer caer los precios de los bonos.

El valor del dólar

La reacción del dólar tampoco tiene una dirección asegurada. Precisamente si los inversores pronostican menos estímulos fiscales debido al resultado electoral, e infieren de esa decisión que supondrá un menor crecimiento, la moneda puede debilitarse. Y, para George Brown, economista sénior de la firma británica Schroders, no está garantizada su recuperación a pesar de la mejora de las rentabilidades del bono que anticipa.

"Unas rentabilidades más altas del Tesoro no tienen por qué traducirse en un dólar más fuerte", advierte, puesto que, según su planteamiento, la clave está en distinguir si ese rendimiento guarda relación con la atracción que genera una economía fuerte o con un grado de desconfianza en sus cuentas públicas.

En paralelo, la gestora estadounidense T. Rowe Price ofrece otro ángulo: la convivencia de un legislativo y un ejecutivo de distinto signo pueden reducir la incertidumbre, pues no se aguardan grandes cambios económicos, lo que redundaría en un apoyo a la moneda. En cambio, señala que una continuidad republicana acompañada de medidas potencialmente inflacionistas "podría lastrar" el dólar.

¿Alivio para la bolsa?

En lo que atañe a la bolsa, la clarificación del escenario político tras las elecciones podría dar paso a un tiempo de alivio.

De hecho, Neuberger apunta que los doce meses posteriores a las elecciones de mitad de mandato han registrado rentabilidades positivas del S&P 500 en todos los casos desde 1950. En todo caso, la firma de inversiones con sede en Nueva York, que predice una Cámara demócrata y un Senado republicano, advierte de que el ciclo económico y la geopolítica pueden alterar ese patrón.

Relación con Europa

Al margen de la evolución de la economía estadounidense, estas elecciones también tienen repercusión en Europa, por lo que está en juego básicamente en relación con la seguridad de su flanco oriental.

Una mayoría demócrata podría impulsar nuevas ayudas a Ucrania, ya que el Congreso de Estados Unidos no ha aprobado nuevos fondos de gran envergadura para responder a la guerra iniciada por Rusia desde abril de 2024, según su servicio de estudios. Con todo, Trump conservaría la iniciativa diplomática y un amplio margen para negociar con Moscú.

En relación con el comercio, la otra gran pata de las relaciones trasatlánticas, una derrota republicana no garantizaría una tregua arancelaria, puesto que el presidente dispone de facultades delegadas por el Congreso que le permiten actuar sin someter a votación cada decisión.

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