Dos tercios de los británicos apoyarían el regreso a la UE
política
Diez años después, el Brexit deja una economía debilitada y un Reino Unido más fragmentado.
Diez años después del referéndum que cambió la historia reciente de Reino Unido, el Brexit sigue proyectando sus consecuencias sobre la economía, la política y la relación del país con Europa. La consulta celebrada el 23 de junio de 2016, que dio la victoria al abandono de la Unión Europea con el 51,9% de los votos, no ha resuelto los problemas que impulsaron el apoyo al “Leave” y ha contribuido a una etapa marcada por la inestabilidad institucional y la fragmentación política.
La situación se ha vuelto especialmente visible en una década en la que Reino Unido ha pasado por siete primeros ministros y varios episodios de crisis gubernamental. El relevo constante en Downing Street se ha convertido en uno de los símbolos de un escenario político cada vez más polarizado y con mayores dificultades para construir consensos.
La promesa de “recuperar el control”, eje central de la campaña favorable a la salida de la UE, se sustentó en el malestar económico, la desconfianza hacia las élites políticas y el rechazo a la inmigración. Sin embargo, numerosos análisis coinciden en que el Brexit no ha logrado responder a esas inquietudes.
La investigadora del CIDOB, Carme Colomina, sostiene que el referéndum no ha solucionado los problemas que se atribuían a la pertenencia a la UE, como la inseguridad económica, la pérdida de confianza en las instituciones o la percepción de alejamiento entre la ciudadanía y los centros de decisión.
Los datos económicos también reflejan el impacto del divorcio con Bruselas. Diversos estudios y estadísticas oficiales sitúan la pérdida acumulada del PIB británico en torno al 8%, mientras que el comercio se habría reducido cerca de un 15% y las inversiones alrededor de un 18%. Todo ello en un contexto internacional marcado por el proteccionismo y la creciente inestabilidad geopolítica.
El descontento que alimentó el Brexit tampoco ha desaparecido. Formaciones como Reform UK, liderada por Nigel Farage, han logrado capitalizar parte del malestar ciudadano, mientras el tradicional bipartidismo británico pierde peso. Los dos grandes partidos concentraban el 76% del voto en 2019, porcentaje que descendió al 58% en las elecciones de 2024. Pese a ello, las encuestas muestran una evolución significativa de la opinión pública. Una mayoría de británicos considera hoy que el Brexit fue un error y cerca de dos tercios respaldarían un eventual regreso a la Unión Europea.
Este cambio de percepción ha favorecido un acercamiento gradual entre Londres y Bruselas. Sin embargo, el proceso se desarrolla con cautela y sin plantear un retorno inmediato a las estructuras comunitarias. El Gobierno británico mantiene como líneas rojas la negativa a volver al mercado único, a la unión aduanera o a la libre circulación de personas.
La guerra en Ucrania, las tensiones energéticas y la incertidumbre internacional han impulsado una cooperación más estrecha entre ambas partes. Diez años después, el país continúa buscando un nuevo equilibrio político y económico mientras el debate sobre su relación con Europa permanece lejos de cerrarse.
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