30 años del momento estelar del Compos

LA OPINIÓN

Los jugadores de aquel gran “Compos” celebran un gol.
Los jugadores de aquel gran “Compos” celebran un gol. | La Región

Cuenta el Eco Republicano de Compostela que en 1873 llegó a Vilagarcía el carguero inglés Go-Go y “sus marineros descienden a tierra y divididos en dos grupos disputan una bola que llaman balón y se dirigen con los pies”. Aquel habría sido el germen del fútbol en España si esta historia no fuese una patraña. El fútbol llegó a España de manos de los mineros británicos de Riotinto y, a Galicia, gracias a los empleados de la Eastern Telegraph Company de, ¡cómo no!, una nación celta como Cornualles que arribaron en Vigo. Es por eso que el cable telegráfico que para Stefan Zweig es “el cambio más decisivo desde la creación del mundo” y uno de los momentos estelares de la humanidad, también trajo el fútbol a Galicia.Pero en una comunidad marcada por el ímpetu costero que fraguó sus equipos decanos en el primer lustro del XX, la capital fundada sobre los restos del apóstol quiso zarandear el establishment con un club rematadamente joven. La Sociedad Deportiva Compostela nació en 1962 y encontró su apogeo en los 90 con un meteórico ascenso de cuatro escalones en cinco temporadas. Fue entonces cuando se encaramó al Pico Sacro de su historia con un subcampeonato de invierno que es parte de las narraciones mitológicas del fútbol gallego y que ahora cumple sus bodas de perla.

En aquella época de laureles figuran las leyendas más egregias de la Esedé. Javier Bellido es el icono por antonomasia, el que tiene casi 300 batallas. El carioca Fabiano renunció al Celta por ser timón y alma en un Compos de Segunda. Y el nigeriano Ohen anotó 60 goles en sus siete temporadas en Santiago.

El 14 de enero de 1996 San Lázaro acogía una final insospechada. Los dos equipos revelación -el Espanyol, segundo con 41 puntos y el Compos, tercero con 39- se jugaban la plata de la primera vuelta de la Liga, notablemente alejados del líder, el indómito Atleti de Kiko, Caminero, Pantic o Penev (que al curso siguiente llegaría a Santiago) en el año del extático doblete.

El once del Compos fue el habitual pues la dicha reinaba en un equipo tocado por la gracia, sin lesiones ni sanciones. Falagán, en portería. Defensa de cuatro: Nacho y Mauro en los laterales y Villena y el tótem Bellido de centrales. En el medio, la crema: Lekumberri, ‘Monsieur’ Passi, José Ramón, el hermano de Fran, y ‘O Rei’ Fabiano. Por delante, los torpedos: el campeón de Europa Christensen y el máximo artillero de siempre, Ohen.

En aquella época de laureles figuran las leyendas más egregias de la Esedé. Javier Bellido es el icono por antonomasia, el que tiene casi 300 batallas. El carioca Fabiano renunció al Celta por ser timón y alma en un Compos de Segunda. Y el nigeriano Ohen anotó 60 goles en sus siete temporadas en Santiago. No hay que olvidarse de Fernando Vázquez y sus carreras kilométricas por el anillo de lo que hoy es el Vero Boquete, enardeciendo a los fieles. Ni tampoco de un presidente tan carismático como Caneda, tan capaz de reinventar el refranero, como de liarse a mamporros con Jesús Gil, lo que no es “pataca minuta”.

El Compostela ganó aquel partido contra el Espanyol con goles de Lekumberri y José Ramón, que superaron el solitario de Urzaiz, y obtuvo el honor del subcampeonato de invierno con 15 puntos sobre el Celta, 10 sobre el Dépor ó 9 por encima del Madrid. Fue una temporada vibrante en la que terminó décimo, sin apuros, pero cuajando inolvidables actuaciones como la victoria ante el Barcelona, el 4-0 al Dépor o el 3-3 contra el Madrid.

Hoy son otros los vientos que soplan por el Vero Boquete para un Compos de Tercera Federación, pero el patrimonio de aquella camiseta serigrafiada con la Catedral y las conservas Escuris, siempre quedará en el imaginario colectivo como el embrujo de una ciudad mística en la que todo era posible.

@jesusprietodeportes

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