Baja por corrupción

EL ÁLAMO

Publicado: 20 nov 2025 - 02:55

Opinión en La Región
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Extenuado. Diluido. Acongojado. Sobrepasado. Ciudadano español en plenitud de sus maltrechas condiciones solicita al Estado baja por corrupción. Como contribuyente, más por obligación que por convicción, delego en los políticos en ejercicio un buen pedazo de mis ganancias. Solo un vistazo a la prensa confirma las peores sospechas: que mi dinero no se está utilizando en sanidad, educación y servicios públicos, sino saqueidad, malversación, y servicios púbicos.

Diríase que hay en las sacas del erario público dos inmensos boquetes por los que fluye el dinero de los españoles hacia ningún lugar previsto: una de las fugas se llama Corrupción y la otra, Incompetencia. Ambas pugnan por ver quién tiene la grieta más grande, ante el estupor, hartazgo y saciedad de los españoles que tratan de seguir sin éxito el rastro del dinero, y el perfil de los 40 ladrones.

Como a tantos ciudadanos, mis exigencias laborales me impiden dedicarme plenamente a la tarea de fiscalizar al Gobierno, y en última instancia, de exigir por las vías procedentes el cese inmediato de las fugas, y las responsabilidades que a cada uno de los saqueadores correspondan. Y me lo impiden sobre todo porque no hay un solo español que disponga de las horas, la información, ni los conocimientos jurídicos necesarios para seguir la despendolada maraña de casos, indicios, y manzanas podridas que se entrelazan alrededor del presidente del Gobierno, desde el epicentro de su propia cama matrimonial hasta el antiguo conductor del Peugeot 407 con el que recorrió España para ahora sabemos qué.

Diríase también que el singular caso que nos ocupa no queda resuelto con la investigación de los periodistas, ni con el inicio de los procesos judiciales, que sabe Dios a dónde nos llevan y cuándo, que tal vez cuando concluyan no quedará un céntimo en la caja. Que el líder del grupo que se encuentra entre el banquillo y la sospecha, al ser descubierto en la noche, como zorro desvelado por linterna, lejos de huir montaña arriba tapando sus vergüenzas, sonríe, pone dedos de victoria, se hace un selfie, y sigue a lo suyo, ante el desconcierto del cazador.

Este desafío a la verdad y, este desprecio por el cargo y las instituciones, esta desvergüenza histórica, sitúa a los españoles ante la angustiante situación de ver sus más nobles conquistas secuestradas por una amalgama de groseros golpistas y salteadores, cuya red de complicidades se extiende lejos, tan lejos como fue capaz de extenderse su generosa billetera construida con las aportaciones fiscales de los trabajadores de bien.

Ante tal situación, por no saber si es de justicia o no seguir contribuyendo al mal con tan suculentas aportaciones al erario público, la única salida eficaz es una baja convenientemente retribuida que me permita sumarme las 24 horas del día a las indagaciones y pesquisas, y llegar siquiera a la mitad de la lectura de alguno de los gruesísimos sumarios de tropelías, palabrotas, trinques, y puteríos que a duras penas tenemos tiempo ahora a leer entre líneas.

Lo que es enfermedad institucional, ha de tratarse y depurarse; lo que es incompetencia, ha de capacitarse; lo que sea vicio, ha de pagarse del propio bolsillo; y lo que es enchufismo, centralizado o periférico, allá donde los nacionalismos, habrá de desconectarse de la red, o bien poner al día las facturas para con el resto de España. Pero el diagnóstico de todo ello debe hacerse, en lo que a mi respecta, en plena dedicación, siendo aún así insignificantes 24 horas al día para alcanzar a entender siquiera la mitad de las tramas.

De modo que, con toda cordialidad, solicito al ministerio de Trabajo esta baja laboral suculentamente retribuida, no por gusto ni afición, sino en legítima defensa de mi buena salud, o más exactamente, de la buena salud de mis alegres contribuciones al ministerio de Marisú, para sus cosillas y las de Sánchez.

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