Baterías atómicas: 50 años de energía sin tener que recargar

Publicado: 20 sep 2026 - 01:10
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Todos conocemos esta frustración: la batería de nuestro móvil muere en el momento más inoportuno. Durante décadas, hemos vivido atados a las baterías de Ion-Litio, con ciclos de carga y descarga que cada vez duran menos. ¿Estaría bien una batería que durara para siempre, no? Pues ya existen baterías atómicas que duran “toda la vida” y que están comercializadas por una startup, cómo no, china. El problema es vencer la inquietud que nos da todo lo que es “atómico”. Porque hablamos de las baterías atómicas, dispositivos que no almacenan energía, sino que la generan de forma constante a partir del decaimiento natural de isótopos radiactivos. No se recargan porque nunca se agotan en el sentido tradicional. Simplemente, “decaen” durante décadas.

Lo que ha desarrollado la startup china Betavolt es una batería (la BV100) que es más pequeña que una moneda y promete una vida útil de 50 años sin mantenimiento. Su arquitectura consiste en un “sándwich” de láminas del isótopo níquel-63 intercaladas con capas de diamante artificial. El diamante no es un lujo, sino una necesidad técnica: su altísimo umbral de daño por radiación le permite soportar el bombardeo constante de partículas beta, capturando su energía y convirtiéndola eficientemente en una corriente eléctrica estable. Una de las ventajas que tiene este tipo de baterías, es que el níquel-63 se descompone en cobre estable y no tóxico, por lo que al final de la vida útil no existe radioactividad ni residuos radiactivos, solo cobre.

Hasta aquí, todo parece muy bonito, pero la realidad es que estas baterías necesitan todavía de mucho desarrollo para llegar a nuestros móviles. Para empezar la BV100 genera 100 microwatios y un smartphone estándar necesita entre 2 y 6 vatios para operar. Esto significa que la tecnología actual solo provee cerca del 0,01% de la energía necesaria para un teléfono móvil. Es cierto que se pueden poner muchas de estas baterías en serie, pero necesitaríamos más de doscientas para poder alimentar un teléfono (eso sí, para toda la vida, sin necesidad de recargar). Otro reto es blindar la batería para asegurar fugas radiactivas (realmente serían microfugas). Para eso necesitaríamos plomo o wolframio, metales de muy alta densidad. Y aun así, la pregunta es si estamos dispuestos a aceptar una microfuente radiactiva en nuestros dispositivos a cambio de una autonomía casi ilimitada.

Hasta aquí, todo parece muy bonito, pero la realidad es que estas baterías necesitan todavía de mucho desarrollo para llegar a nuestros móviles.

Las aplicaciones en nuestra vida diaria, no parecen inmediatas, pero con la aceleración que está dando la inteligencia artificial, tanto en el desarrollo de materiales como en la optimización de dispositivos, puede que el tiempo de llegada a un mercado masivo no sea tan largo como ahora pensamos. Y la fuerza motriz para desarrollar estas baterías es muy grande, porque hablamos de llegar a un futuro diferente. Las baterías de níquel-63 revolucionarán el futuro al ofrecer 50 años de energía continua sin mantenimiento. En el día a día, darán vida a relojes y sensores domésticos inteligentes infinitos, eliminando la necesidad de cargadores. En la industria y la ciencia, permitirán monitorizar de forma ininterrumpida infraestructuras críticas, oleoductos y fosas marinas. Pensemos en todos aquellos lugres donde es prácticamente imposible hacer un mantenimiento frecuente. Serán ideales para satélites aeroespaciales y balizas militares de difícil acceso. El futuro ya está aquí, y como en otras cosas, la IA lo pondrá en nuestras manos antes de lo que pensamos.

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