Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Solamente hay dos fechas que son verdaderamente trascendentes en la vida de cada ser humano: el día en el que naces y el día en que te mueres. Entre estas dos fechas, distantes entre sí por un indeterminado número de años, meses o días, van sucediendo cosas, en ocasiones, muchas cosas; trabajas, estudias, viajas, tienes hijos o no, unas aficiones, practicas un deporte, etc. Unas veces dependerá de ti, de tu voluntad, de tu interés o de tu esfuerzo el que consigas influir en sus resultados; pero otras veces, el acontecimiento que puede marcar tu vida es completamente ajeno a tu voluntad, no está en tus manos el poder influir en sus consecuencias. No puedes hacer nada para poder influir en las circunstancias de tu nacimiento, dependerá únicamente de tus padres y de las suyas en aquel momento en que tu vida ha comenzado a dar sus primeros pasos; pero sí es muy posible, siempre que no se produzca un imprevisto y repentino desenlace, que podamos hacer algo para intentar planificar, dentro de un orden, las circunstancias que nos van acompañar en el último tramo de nuestra carrera de la vida, sobre todo cuando la estadística nos indica claramente que nos estamos acercando a la última etapa.
Algo así había previsto mi admirado Antonio Escohotado, ese gran filósofo que falleció hace poco más de un año que, presintiendo que llegaba su final, dejó su casa en la sierra de Madrid, donde residía desde hace años, y se fue a Ibiza pensando que podría organizar su despedida. No quería morirse en un hospital. Él tenía previsto organizarlo con su maletín de sustancias, como gran conocedor del mundo de las drogas, posiblemente la mayor autoridad a nivel mundial en la materia. “No matan las drogas, mata la ignorancia”, decía siempre en sus inolvidables conferencias, porque es como con los medicamentos: una aspirina te puede aliviar, con diez te puedes morir. Aunque creo que al final se lo llevaron al hospital a morir porque lo que suele pasar es que ya te quedas sin fuerzas y ya no tienes los mandos y los que están a tu lado en esos momentos ya no te dejan decidir.
Otro caso famoso y que dio origen a la oscarizada película de Amenábar “Mar adentro” fue el de nuestro paisano Ramón Sampedro, que le costó conseguir su propósito dada su incapacidad, ya que necesitaba de ayuda externa para lograrlo. Aunque en este caso, a pesar de que su enfermedad le impedía casi todos los movimientos, conservaba lo que realmente es fundamental en la vida: su capacidad intelectual, que le permitía escribir y expresarse con toda lucidez, por lo que hay mucha gente que con las mismas o superiores limitaciones no piensa ni un momento en suicidarse, antes al contrario, con ilusión y con proyectos. El caso más famoso es el del astrofísico Stephen Hawking, que con un nivel de incapacidad superior al de Ramón Sampedro quería subir al espacio si su muerte en el año 2018 no se lo hubiera impedido.
Con estos nuevos y a la vez viejos amigos que me encontré el primer día que llegaba de vuelta a mi pueblo, empezamos una amena charla recordando aquellos años de nuestra niñez y adolescencia, comprobando los grandes cambios con los actuales tiempos. Después de unas horas recordando nuestras vivencias y hablando de nuestras peripecias en estos más de cincuenta años transcurridos y, sobre todo, recordando a tantos contemporáneos que ya no están con nosotros, llegamos a la conclusión de que, si encontramos a quien les guste esta idea, podíamos organizar una especie de comuna, por no llamarle geriátrico, donde esperar tranquilamente el final, sin resentimientos ni reproches, sin lamentos ni suspiros, si tal, perdonando y pidiendo perdón al mismo tiempo. Quedamos empatados.
También coincidieron en que, a la hora de la despedida, mejor hacerlo escuchando el lánguido tañido de unas campanas que con el ruido de fondo del tráfico en un tanatorio de la ciudad.
Esta es la historia, real o ficticia, como le parezca mejor, de cuatro octogenarios, sin especificar género ni condiciones, que únicamente tenían el denominador común de que habían nacido en la provincia de Ourense en la década de los años cuarenta del pasado siglo XX y que decidieron unirse en el propósito de encontrar un lugar en el que vivir lo más alegre posible, pero sin pasarse... oiga, esa última etapa de sus vidas.
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