Jorge Vázquez
SENDA 0011
Lo que no se cuenta en el escenario
Nuestro Z sigue con su sempiterno optimismo, sin ver nada negativo, que los demás ven. Hasta Almunia, desde Bruselas, al preguntarle si quiere volver -como el tango, volvería con la frente marchita- dijo ¡no! rotundo. Se han ido Jordi Sevilla, César Antonio Molina y Pedro Solbes. Ven clara la crisis y lo mal que la llevan. Otros, en cuanto vean un trabajo bien remunerado, seguirán con el desfile. Lo más gracioso es que todo el mundo espera el milagro Obama, y él desea hablar con Z para estudiar la recuperación económica ¿...? La suya. El Z a los demás los ayuda con cantidad de millones, y con los soldados que envía... más gastos. Se desea adelantar los comicios, cambio de Gobierno. De bebicios andan bien, con los botellones. Cambio de tercio. Me duele la cabeza por tanto desbarre que existe.
Una señora compró un anticonceptivo en una farmacia y quedó embarazada. El farmacéutico se equivocó de medicamento, la señora lo denunció y él le abonó 5.000 euros. Ahora, el matrimonio desea que el farmacéutico le abone la manutención y los estudios del hijo. Que no se quejen del error, les sale redondo. Si no lo quisieran de ninguna manera... pero así no cobran. Otras personas pagan millones para lograr tener una de las bendiciones que son los hijos, sobre todo cuando se preocupan sus padres de educarlos bien. Qué pensará ese hijo a mañana, si se entera de este affaire. El error es matar, no dar vida. Muchas mujeres podrían denunciar al señor Ogino para cobrar con carácter retroactivo. Si saliera bien -tendrían que pagar los herederos del japonés Kiusaky Ogino, fallecido en 1975, y los del ginecólogo austríaco Knaus-, las colas que se pondrían en movimiento para semejante demanda sería impensable; por la cantidad de Oginitos que han nacido en todo el mundo. Así que, señores, confórmense con su hijito, que disfrutarán de él con los 5.000 euros como ayuda; porque para criar a los hijos, los medios se sacan hasta debajo de las piedras, pero no a cuenta de un error.
Otro caso es que una señora estaba ciega de un ojo, le pusieron un trozo del interior de su diente y ve. Es preferible quedarse sin dientes, pero ver. Lo que vemos es que, si para arreglar una parte del cuerpo sacan otra, a dónde vamos a llegar. Hasta ahora sacaban una parte de la nalga para reproducir la nariz -tengo una amiga que se lo han hecho, y ella se dice caraculo-, las orejas o donde haya menester. Les quitan la piel, que se reproduce -como la que qui tan los murmuradores y calumniadores, y encima cobran en las teles patrias, y más cerca, que deben cobrar en satisfacción por chinchar-. Si ocurriera con los humanos, en todo su cuerpo, como con las lagartijas, que al perder la cola les crece de nuevo, sería estupendo, hasta habría quien se cortaría partes para renovarse. A los humanos, lo dicho, con su cuerpo, o de los fallecidos, como el caso de brazos, caras y lo que sea necesario. Recuerdo aquellas películas que veía de niña, que me aterrorizaban, eran ciencia ficción. Ahora llegamos al cada vez más. Que Dios nos conserve lo que tenemos, sobre todo a los que nos da el yuyu por esos avances con bisturí. Las realizadas por deformaciones son operaciones obligadas, no como la belleza a la carta, que es poner el sucedáneo silicona, imitando a las estrellas del celuloide. Cuando agrada lo primigenio, no se debe considerar gran cosa si su objetivo sólo es lucir. Las que viven de su físico, ya es por algo. Cuando es por belleza, de cuerpos Danone y caras Barbie, todas a una como Fuenteovejuna, caras vemos, corazones, no sabemos... Claro que, siendo duquesas, el tamaño de serlo, sí importa. Se supone que verán la belleza interior.
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