Itxu Díaz
EL ÁLAMO
Sánchez arrojó a los españoles al tren
COSAS QUE CONVIENEN
1 La roña útil. Hay en toda casa una buena cantidad de polvo, telarañas gráciles, organismos aliados que debemos prudentemente conservar. Huyamos de la desinfección obsesiva y aniquilante. Necesitamos lo imperfecto, como todo cuerpo vivo necesita a la bacteria.
2 Trabajar poco. No hay que fliparse con los flujos eficientes, las entregas urgentes, las tareas por tachar. La cosa del trabajo tiene que caer lenta, a la velocidad de los glaciares, para así poder quedarnos pasmados con la hojita que vuela, el gato que rosma, el crujir del suelo. Es ahí donde está lo importante.
3 Planchar poco. Quizá con un chisme de esos de vapor vertical, que endereza los tejidos rebeldes de ese par de camisas que uno tiene a bien planchar. Quedan lo suficientemente bien como para la sociabilidad de provincias y no requieren de la tabla ni del hierro cartesiano.
4 Cocinar sencillo. Sin pesar cantidades ni ajustar los cortes. Baquetear las recetas desde un amor despegado para que el alimento se entregue sin demasiados remilgos. Así sucede mejor el milagro sucesivo de la cocinación, que es la forma que tenemos las criaturas de este planeta para reencarnarnos las unas en las otras.
5 Entregar el sofá a los gatos. Comprender la cosa de vivir con seres salvajes que afilan sus uñas en esta superficie doméstica. Es un privilegio que estos dioses de vida secreta tengan a bien existir entre nosotros. Para ellos todo.
6 Que la hierba se exprese. La capa viva del suelo es un asunto complejísimo. Allí viven microorganismos desconocidos, fluye la red neuronal del bosque y late el corazón del planeta, que es el verdadero cuerpo del que somos microbiota infinitesimal. ¿Quiénes somos nosotros para rapar lo que crece por un milagro incomprensible?
7 No podar. En sus millones de años de existencia, árboles y plantas no han necesitado nunca la gestión humana ni la de ninguna otra especie inferior. Que cada árbol hable su propia palabra. No podar salvo la infección o la rama muerta. Que el hombre no se crea dios.
8 Caminar con ojo blando. Arrastrando un poquito los pies y con las manos cogidas hacia atrás. Es así, en la despreocupación, cuando la vida se doma y se van aplanando los asuntos desgastantes del día a día.
9 Aprovechar la mañana. Pero con disciplinas suaves y poco exigentes, dejando que salga la energía buena del día nuevo hasta las tareas elegidas. Eso sí, siempre antes de que aparezca el sol para ponerlo todo patas arriba.
10 No limpiar la bici. Ni el coche. Permitir unos ajustes básicos para que la máquina funcione como debe sin sacar brillo a los cromados. Tolerar los desconchones en la pintura y adorar el tierno envejecer de las cosas.
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