La desmemoria democrática

Publicado: 19 abr 2026 - 07:05
Martín Villa y Francisco Vázquez en el Foro La Región del pasado jueves.
Martín Villa y Francisco Vázquez en el Foro La Región del pasado jueves. | La Región

El Foro de La Región protagonizado esta misma semana por Rodolfo Martín Villa nos ha permitido rememorar, a quienes la vivimos, y descubrir, a aquellos que son más jóvenes, aspectos de la Transición que no solo hicieron de España un país moderno sino también un modelo que se estudia fuera de nuestras fronteras como ejemplo del paso de una dictadura a un sistema democrático sin ruptura, en un marco de reconciliación que sirvió al cabo de cuarenta años, para restañar las heridas de la guerra civil, a pesar del clima de crispación que intentaba provocar el terrorismo de ETA, con su constante acoso en forma de atentados y secuestros que sembró de muertos ese período y lo seguiría haciendo todavía durante muchos años después.

Resulta, cuando menos, chocante, oír como señalan ese período de “régimen del 78” y peor aún, de “antiguo régimen”, como es calificado por algunos sectores de una izquierda que más que radical se manifiesta ignorante. Porque ese “antiguo régimen” del que somos hijos políticos, fue construido a partir de un consenso en el que estaban, desde las corrientes políticas que salieron del franquismo a un Partido Comunista que aceptó la monarquía parlamentaria como modelo de Estado, renunciando a sus principios republicanos en aras de un entendimiento nacional.

Martín Villa, ministro de Gobernación en 1976 en Barcelona.
Martín Villa, ministro de Gobernación en 1976 en Barcelona. | La Región

El propio Foro sirvió de ejemplo de ello. El presentador, Francisco Vázquez, además de alcalde de A Coruña y posteriormente embajador de España ante la Santa Sede fue uno de los conspicuos guerristas, el ala más radical del PSOE de aquellos tiempos, que desde un aparentemente modesto puesto de alcalde de una ciudad provinciana movía muchos hilos de la política de su partido e incluso llegó a colocar ministros en el gabinete de Felipe González. El conferenciante, Rodolfo Martín Villa, inició su carrera política en la última etapa de la dictadura, como el propio Suárez o Fraga. Hoy resultaría impensable que dos figuras tan relevantes y al mismo tiempo en fuerzas políticas adversarias compartiesen escenario en armonía como hicieron ambos en el Foro. Rodolfo Martín Villa fue uno de los actores clave de la transición española. Tuvo que afrontar difíciles retos. El primero de ellos, organizar todo el sistema electoral durante el período constituyente, desde el referéndum que aprobó la Ley de la Reforma Política en 1976 y el de la Constitución en 1978 a las primeras elecciones democráticas de 1977 y las municipales y generales de 1979. El segundo, no menos importante, convertir el ministerio de la Gobernación, heredero del sistema represivo del pasado, en un moderno ministerio del Interior haciendo profundos cambios en todo el sistema, desde los gobernadores civiles a los cuerpos de seguridad como Policía y Guardia Civil. Una tarea ingente, una verdadera labor de ingeniería política (ahí se notó su capacidad organizativa como ingeniero industrial), realizada en menos de tres años.

La conferencia nos ha servido para recordar que hubo un tiempo en el que en España las ideas políticas se defendían con pasión y vehemencia, pero también se anteponía el interés por sacar adelante un sistema democrático con una economía competitiva capaz de homologarse al resto de Europa. Nos enseñaron que la política era el arte del entendimiento, del diálogo, del consenso y, sobre todo, de la reconciliación. Todo lo contrario de lo que vive en la actualidad la política española, en la que la crispación, la confrontación y el insulto lo salpican todo. Es como si en vez de haber alcanzado la madurez, la clase política se hubiese infantilizado.

¿Dónde está el problema? Sin duda en la falta de memoria democrática. La memoria que tendría que mantener presente la etapa que ha hecho posible que hoy vivamos en libertad y en un estado de derecho. La memoria que tendría que hacernos recordar aquella España que luchó con el diálogo como arma para convertirse en lo que es. Pero en cambio, los políticos actuales, especialmente desde los partidos del Gobierno y sus socios han instalado en esas décadas una bruma de olvido, como si quisieran renegar del lugar del que vienen, calificándolo del régimen del 78, y apuntan con su Ley de Memoria Democrática a la etapa de la guerra civil. Es cierto que es necesario reparar los daños y las injusticias del pasado. Pero no a base de recrearse en un período infausto que lo único que consigue es reinstaurar el rencor y la crispación. Si queremos construir una España de diálogo, lahistoria que se enseña en el sistema educativo debería de centrarse más en la transición que en la guerra civil.

Contenido patrocinado

stats