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Si tu proyecto no despega es que algo hiciste mal”.
Un mantra tan cómodo de repetir como injusto para quien está en la “lucha”
Durante años hemos comprado gustosamente la narrativa “silicon-friendly” del emprendimiento: consigue una idea brillante, fórmate en marketing y ventas y consigue algo de capital para arrancar. ¡Voilà!, negocio unicornio a la vista y a vivir debajo de un cocotero el resto de tu vida. Quien no llegue a la foto del éxito -nos dicen- sencillamente no se lo ha currado lo suficiente.
Emprender no va solo de saber y hacer cosas; va, sobre todo, de ser capaz de mantenerse y soportar cosas que no siempre son como quisiéramos: la espera infinita, el no saber con certeza, el tropezar tres veces la misma semana
Ese relato queda muy bien en las charlas TED, pero deja fuera casi todo lo que pasa entre el momento decisivo de arranque y la alta facturación recurrente. Porque emprender no va solo de saber y hacer cosas; va, sobre todo, de ser capaz de mantenerse y soportar cosas que no siempre son como quisiéramos: la espera infinita, el no saber con certeza, el tropezar tres veces la misma semana. Y eso no aparece en ningún plan de negocio.
Este podría ser el verdadero inventario del emprendedor.
1. Paciencia XL y control emocional.
El mercado rara vez se mueve al ritmo de tu agenda. Hay meses en que los resultados brillan por su ausencia y, aun así, debes seguir echando fichas a la máquina. Emprender es la mayor forma de crecimiento personal que existe.
2. Desarrollar tolerancia a la incertidumbre.
No hay jefe que confirme si vas bien ni programa de mentoring que despeje todas tus dudas. Vives en un bucle constante de hipótesis-prueba-corrección. ¿Estaré haciendo bien? ¿Qué pasará?
3. Autoestima con amortiguadores.
Hoy te aplauden en LinkedIn; mañana te anulan un contrato y te quedas frustado/a mirando el techo. Mantener la autoconfianza en ti y en tu producto es clave.
“Lo estoy pasando mal… y aun así no quiero dejarlo”.
Quien monta un proyecto pronto descubre que entre la apariencia pública ”de ganador” y la trastienda hay una brecha enorme. Las jornadas se alargan, la cuenta corriente no refleja siempre el trabajo que llevas encima y cada decisión pesa más que la anterior. Estas son las caras menos instagrameables del emprendimiento, pero son, paradójicamente, las que más unen a quienes siguen en pie.
¿Por qué no tiran la toalla? No siempre es euforia o motivación constante; muchas veces es convicción. Es esa sensación interna de que, pese a la dureza, existe algo que compensa (y mucho):
4 Coherencia de vida: vivir (y trabajar) en tus propios términos. Es estimulante sentir que estás creando algo y cambiando algo en el mundo
4 Autonomía real: mandar tú sobre tu tiempo…Muchas veces, esto ya lo compensa todo
4 Imposibilidad de volver atrás: después de probar la libertad relativa del autoempleo, encajar de nuevo en estructuras rígidas se hace, cuanto menos, cuesta arriba.
Decir en voz alta que emprender es un viaje a la cima no es pinchar la burbuja del optimismo; es oxigenarla. Así convertimos la perseverancia y esfuerzo en un dato objetivo, no en una culpa. Los maratonianos asumen las ampollas como parte del recorrido, ¿no? de igual modo el emprendedor debería aceptar que la fatiga mental y tolerancia a la frustración forma parte del pack.
Al hacerlo, eliminamos el binomio tramposo éxito-fracaso y damos espacio a la zona gris donde habita la mayoría: gente que duda, se equivoca, se levanta y sigue. No por heroísmo sino por esa capacidad de sostenerse cuando nada sale como se esperaba.
Sí, hablamos de lanzar un producto o un servicio, de captar clientes y facturar. Pero, sobre todo, hablamos de construir la estructura interna que te mantendrá en pie cuando las cosas no salen cómo pensábamos. Ese músculo no se llama visión ni disrupción; se llama carácter. (Y lo bueno: una vez que lo desarrolla, sirve para muchas más cosas en la vida…)
Detrás de cada logo hay una persona en modo funambulista, equilibrando entusiasmo y miedo encima de un alambre que a veces se mueve más de la cuenta.
Me gusta contar así la historia de emprender, y quizás podamos reducir así la lista de abandonos silenciosos de personas que se creen que en 3 meses y de forma fácil pueden estar facturando millones. Y sobre todo, mantener a raya los comentarios fáciles (de quien no ha pasado por el camino) de “No lo conseguiste porque no vales”, que nunca tuvo en cuenta el ingrediente estrella de la historia: la capacidad de aguantar y sostener cuando el excel no cuadra con la realidad y el futuro aún no materializa el trabajo realizado.
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