Errar es de humanos

Publicado: 14 jul 2026 - 01:40
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Decía Séneca que “errar es humano” y por tanto, si esto fuese así, uno podría concluir que “no errar será de no humanos”. Dos mil años después, esta premisa necesita una actualización y no porque haya dejado de ser cierta, sino porque ya empieza a haber quien, con cierta ayuda, podría ya no errar.

Durante siglos el hombre ha perseguido la perfección como quien persigue el horizonte: sabiendo que nunca llegará, pero convencido de que el camino merece la pena. Ahora resulta que la perfección nos la puede vender una máquina por suscripción mensual.

La inteligencia artificial escribe discursos, redacta contratos, resume libros, traduce idiomas, pinta cuadros y hasta compone canciones. Todo en cuestión de segundos. Sin tachones. Sin dudas. Sin esa pausa incómoda en la que uno mira al techo esperando que aparezca una idea salvadora. Es la victoria del procesador sobre la inspiración.

El error siempre ha sido una de las grandes escuelas de la humanidad. Colón buscaba las Indias y acabó llegando a América. Fleming no pretendía descubrir la penicilina; simplemente se encontró un moho donde no debía. Millones de personas han conocido al amor de su vida por llegar tarde a una cita, coger un tren equivocado o aceptar un trabajo que jamás hubiesen elegido. La historia se ha escrito muchas veces por accidente.

Sin embargo, vivimos obsesionados con eliminar cualquier margen para equivocarnos. El navegador evita que nos perdamos. El corrector ortográfico decide cómo escribimos. Las plataformas saben qué queremos ver antes de que nosotros mismos lo sepamos. Incluso hay aplicaciones que nos dicen cuándo dormir, cuánto caminar o cuánta agua beber. Dentro de poco necesitaremos otra que nos recuerde cuándo pensar.

La inteligencia artificial podrá equivocarse, pero nunca sentirá vergüenza por ello. No conocerá el arrepentimiento, ni la duda, ni esa mezcla de humildad y experiencia que deja un fracaso bien aprovechado. No aprenderá de sus errores como aprendemos nosotros. Simplemente recalculará.

Lo paradójico es que cuanto más inteligentes parecen las máquinas, más torpes nos volvemos nosotros. Hemos sustituido la memoria por la batería y el criterio por el algoritmo. Ya no discutimos con quien piensa distinto, simplemente buscamos en internet quién tiene razón.

Hay otra diferencia mucho más profunda. La inteligencia artificial podrá equivocarse, pero nunca sentirá vergüenza por ello. No conocerá el arrepentimiento, ni la duda, ni esa mezcla de humildad y experiencia que deja un fracaso bien aprovechado. No aprenderá de sus errores como aprendemos nosotros. Simplemente recalculará.

Quizá por eso me producen cierta inquietud quienes nunca reconocen haberse equivocado. Curiosamente abundan en política. Ningún gobierno se equivoca; gestiona “contextos complejos”. Ningún ministro mete la pata; sus palabras son “malinterpretadas”. Ningún dirigente rectifica; simplemente “evoluciona”. Han terminado pareciéndose más a un algoritmo que a una persona.

Los japoneses practican el kintsugi, la técnica de reparar una vasija rota rellenando las grietas con oro. La rotura no se esconde. Se convierte en parte de la belleza del objeto. Nosotros, en cambio, vivimos empeñados en ocultar cualquier fisura, como si la perfección consistiera en fingir que nunca nos hemos caído.

Sospecho que el verdadero lujo del futuro no será disponer de una inteligencia artificial capaz de responderlo todo. Será encontrar a alguien que aún sea capaz de decir: “Me equivoqué”. Y esto para alguien que como yo se equivoca a menudo es un consuelo.

Contenido patrocinado

stats