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PUNTADAS CON HILO
El fiscal general del Estado, o del Gobierno, Álvaro García Ortiz, va a seguir en su cargo pase lo que pase. Ya está decidido que será juzgado por el Tribunal Supremo, que estará sentado en el banquillo, pero aun así no piensa dimitir. Si durante el acto al que sometieron al rey la semana pasada, estaba imputado nada más, ahora ya está procesado. Pero no importa, quiere seguir en el cargo para sostener la dignidad de la institución, dice él. Sólo él mantiene este criterio, porque todos los demás miembros de la Fiscalía y de la Judicatura, o casi todos, afirman que la situación procesal de García Ortiz es insostenible y que provoca un grave deterioro en el prestigio y la dignidad de la institución. Consideran que la decisión de procesamiento horada totalmente a la Fiscalía en conjunto. Que no hay paliativos para este mal.
También es cierto que hay compañeros, colegas y amigos -como Pedro Sánchez y Bolaños- que le apuntalan en el cargo. Que defienden a capa y espada que García Ortiz es inocente. Otros aventuran que no va a haber pruebas suficientes para que el Tribunal Supremo pueda condenarlo, que es una acusación difusa, que va a quedar en nada. Lo cierto es que hay realmente muchas pruebas e indicios que concurren en él.
también es cierto que hay compañeros, colegas y amigos -como Pedro Sánchez y Bolaños- que le apuntalan en el cargo
Otros prefieren centrarse en la composición de Tribunal que lo va a juzgar. Hacen distinciones entre los magistrados de tendencia conservadora -es decir, no afines al socialismo- y los denominados progresistas -más socialistas o comunistas-. Y dentro de estos, los hay clasificados de forma indefinida, no saben si son conservadores moderados -un conservador que tiende a progresista- o como progresistas moderados -un progresista que tienda a conservador-. Que ya es rizar el rizo de las tendencias.
Y concluyen que el resultado da una mayoría conservadora hostil al fiscal general. Yo siempre entiendo que los jueces conservadores son lo que aplican la ley en su integridad, se atienen a las normas procesales con rigor; mientras que los progresistas son los que aplican la ley, pero pueden hacer una interpretación personal, sin rigor legal, hacer la vista gorda o se pueden buscar argumentos a favor de lo que quiere fallar el juez. Pero nada garantiza que un juez considerado conservador vaya a condenar a García Ortiz o que un juez denominado progresista lo vaya a absolver.
Con un Tribunal Supremo calificado como considere cada uno, el fiscal general del Gobierno va a ser juzgado y no quiere dejar el cargo, incluso si lo condenan, hasta que lo inhabiliten. Siempre con la esperanza poder seguir defendiendo a Pedro Sánchez.
La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. está muy enfadada porque su ley estrella de reducción de la jornada laboral se ha estrellado en el Congreso de los Diputados. Lanzaba acusaciones a diestra y siniestra, como dardos, contra aquellos que no la habían apoyado, porque cree que no respaldar sus leyes es ir contra los trabajadores de este país. Incluso ha despertado el fantasma de la lucha de clases, los ricos contra los pobres, como una pasionaria de moqueta. Los pobres estaban con ella, los ricos eran amparados por los que no votaron a favor que eran Junts, PP y Vox. Además, acusó a Junts de chantaje a cambio de sus votos, como siempre.
Pero en realidad, ella era consciente de que tampoco había votado, ni a favor ni en contra, el diputado presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que prefirió llevar al cine a su mujer, y saludar a Amenábar -con su obsesión de hacer homosexual a Cervantes-, para no estar presente en una nueva derrota del Gobierno en el Congreso de los diputados. Luego, con cierto humor, justificaron la ausencia de Sánchez porque su voto no iba a salvar la derrota. El hecho es que casi todo el Gobierno escapó del Hemiciclo para evitar un mal trago y tener que escuchar a una desesperada Yolanda Díaz abroncar a los socios de la coalición. Reconoció abiertamente que ya no existía una mayoría progresista con el Gobierno.
Y es que esta sesión del Congreso dejó en evidencia, una vez más, que los socialistas, los comunistas y el resto de los grupos que apoyaron la investidura, se van distanciando. Ya preparan cada uno su territorio ideológico para que no les sorprenda una convocatoria electoral inminente. Por eso, cada uno empieza a ir por su lado, Yolanda ya no se fía de Junts ni de ERC, y el PNV dice que no está para salvar gobiernos. Su equipo, Sumar es como el mascarón de proa, no tiene vida. Pedro Sánchez y sus ministros sueltan lastre por la borda al grito de llegaremos al 2027. Y todo son vías de agua en la coalición, como una nave que va a la deriva hasta que encalle en una playa o en las rocas. Allí, quizás les espere Tezanos con un sondeo adecuado para auxiliarles con oxígeno para llegar a tierra firme y poder seguir disfrutando de La Mareta.
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