Sergio Otamendi
CRÓNICA INTERNACIONAL
Marco Rubio, el gestor del dispositivo
No nos queda otra. Hay que hablar del Fiscal General del Estado.
Mi suegro, Eugenio Casimiro López y López (Genín), orensano de pro y nieto del fundador de la confitería La Coruñesa en la Plaza Fonte do Rei 1 de Orense, era fiscal y algo sé de tan noble oficio que no permite códigos más allá del moral y la justicia.
Es muy grave una condena que cae sobre los hombros del Fiscal General del Estado porque no se trata de algo individual, sino que afecta a lo que representa: el Estado y la libertad individual
Es muy grave una condena que cae sobre los hombros del Fiscal General del Estado porque no se trata de algo individual ni se le condena por un delito que sea común, sino que afecta a lo que representa: el Estado. La libertad individual.
Tiemblan los cimientos de toda la columna de la que él es la cúspide. “El Ministerio Fiscal tiene por misión promover la acción de la Justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social”.
Creo que ningún otro oficio tiene tanta importancia en democracia.
¿Quién manda en el Fiscal General? Se destapó lo más hondo del presidente del Gobierno cuando se señalaba y creía ser juez y parte.
Recuerdo a mi suegro, en una época nada fácil, luchar por su independencia y enfrentarse a casos de importancia aislado de cualquier influencia y con frecuencia le oía decir que lo más duro del oficio fiscal era la soledad ante una decisión que puede alterar para siempre la vida de un ser humano. Nada hay tan sagrado como la libertad y por ello ni permitir que nadie la altere ni condenar de manera arbitraria.
Si los españoles deberíamos estar preocupados debería ser en el momento en que una toga se ensucia con el polvo de los caminos. “El vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino...”. Creo que ustedes recuerdan la frase y sus consecuencias. Entiendo que no hay más camino que el de la Ley y las leyes que de ella se derivan. No hay polvos contaminantes. ¡Qué poco acertados están quienes se contaminan de poder!
La realidad social es algo subjetivo y en cualquier caso no puede ir contra lo que la Ley ordena. Si no te gusta tendrás que cambiarla, pero no el fiscal ni el juez, sino que para eso está el Poder Legislativo.
La tentación del Poder es muy grande y peligrosa y puede llegar a confundir a quién se cree poseer más del que le corresponde.
Estamos ante una sentencia que condena al Fiscal General del Estado, quizá lo más grave que ha ocurrido en democracia en España. Es incluos peor que eso que vemos a diario de meter la mano en la caja.
Pero no queda ahí la cosa. Hay algo que da relevencia a esta condena: el delito cometido: “... autor de un delito de revelación de datos reservados en relación a la filtración de un correo con la admisión de un fraude a Hacienda de la pareja de Isabel Díaz Ayuso”. ¿Es esto solo una condena al Fiscal General del Estado o detrás está la responsabilidad de aquel que dijo lo que dijo? Porque se ve la mano que mece la cuna. Política de ordeno y mando.
-¿Quién manda en el Fiscal General del Estado? Pues eso.
No está de más recordárselo aquién creyó ser juez y parte. Fiscal también.
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