Gonzalo

Publicado: 28 sep 2026 - 01:10
Opinión en La Región
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Gonzalo es un nombre curioso y muy español. Yo mismo me apellido González González, así por duplicado.

Pero Gonzalo como nombre de pila es distinto y a mí siempre me ha parecido un nombre masculino muy bonito y original. Incluso tengo un amigo ourensano de la adolescencia que se llama así. Claro que hace mucho tiempo que no nos vemos (últimamente los de nuestra edad solo nos vemos en los malditos entierros), pero si está leyendo esto ahora en este periódico, ya que él sigue viviendo en Ourense, puede que se reconozca en esta referencia. Si eso ocurriera, un saludo, Gonzalo.

Pero hay muchos Gonzalos. Y el Gonzalo del que quería hablar yo es otro: Gonzalo Miró. Actualmente Gonzalo Miró presenta estupendamente y con mérito y muy buen saber hacer un programa en TVE que se llama “Malas lenguas”.

Conocí a Gonzalo Miró un día y hablé con él, de tonterías y trivialidades, apenas durante cinco minutos. Y lo conocí por una de esas casualidades imposibles como la elíptica de los planetas o la predicción de un eclipse: teníamos el mismo dentista en Madrid y un día coincidimos los dos en la sala de espera. Fue en los noventa. La enfermera jefa de mi dentista me pasó a la sala de espera y allí estaba él. Solo.

Actualmente cuando veo por la tele a este Gonzalo ahora mayor y tan resuelto él, no puedo evitar recordar aquel insólito y breve encuentro fortuito, casual y tonto con aquel crío, y la brevísima conversación que tuvimos y pienso: ¡Uau!, aquel muchachito con el que hablé aunque solo fuera durante unos minutos se ha convertido con el tiempo en un hombre estupendo y entero.

Hacía poco, no sé por qué exactamente, habían salido unas fotos suyas, hasta entonces un niño desconocido discreto y prácticamente anónimo, en revistas y periódicos y por eso lo reconocí al momento. Era un niño muy guapo. Simpático, educado y amable. Hoy, tantos años después, sigue siendo un hombre guapo y muy atractivo, aunque sin el pelazo que tenía entonces claro, que era un chaval. Su madre, Pilar Miró, aún vivía de aquellas.

Actualmente cuando veo por la tele a este Gonzalo ahora mayor y tan resuelto él, no puedo evitar recordar aquel insólito y breve encuentro fortuito, casual y tonto con aquel crío, y la brevísima conversación que tuvimos y pienso: ¡Uau!, aquel muchachito con el que hablé aunque solo fuera durante unos minutos se ha convertido con el tiempo en un hombre estupendo y entero. Y en un gran profesional de lo suyo. ¡Qué bonito! Y esa sensación ridícula y un poco tonta me llena de un extraño y absurdo orgullo inexplicable, como si yo tuviera algo que ver con eso o con él.

Por supuesto, el hecho de que sea hijo de quién es hijo y lo que tanto admiramos muchos a su madre también cuenta en mi ¿cariñosa, generosa, subjetiva? opinión sobre su persona.

El otro Gonzalo, mi amigo ourensano al que mencioné al principio de este artículo, las pocas veces que nos vemos y ya digo siempre es en circunstancias no precisamente muy agradables, también me transmite algo así: que a pesar de todo en nuestra vida algo, aunque sea poco o muy poco, algunos hemos hecho más o menos bien, o no del todo mal.

Gonzalo… ¡qué nombre maravilloso!

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