Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada, El Pato Donald y Don Quijote
Me he pasado una semana sin internet.
En realidad hago esto un par de veces al año, así que no es ninguna novedad.
No lo hago por razones especiales como podrían ser por ejemplo una limpieza mental (que también sí), un ejercicio de autorreflexión sin sentido (que también sí), o unas simples vacaciones de las redes sociales (que también sí). En realidad no sé porqué lo hago. El gran apagón no existe.
Como me deshice ya hace mucho del smartphone, del wasap y otras modernidades tecnológicas similares y volví a un móvil de los de antes solo con llamadas y SMS, muchos amigos (o no) me tienen por anticuado, algo que casi me parece bien o a mí me suena bien.
Cuando amigos o amigas (o no) me reprochaban eso yo solía disculparme, digámoslo así, explicando que yo me pasaba siete u ocho horas al día conectado y cuando salía a la calle quería ir con las manos en los bolsillos y solo hablar con la gente. Pero he dejado de hacerlo. He dejado de disculparme y casi empiezo a creer que los que tienen que disculparse en realidad son los demás.
Bueno, no. Nadie tiene que disculparse.
Recuerdo una campaña publicitaria de promoción de la lectura de los años setenta cuyo simpático eslogan rimado con un gracioso jingle decía así: “Un libro al año no hace daño, pero es costumbre más sana un libro cada semana”.
Pasarse una semana entera sin internet al final si lo pensamos bien es una estupidez.
He dejado de disculparme y casi empiezo a creer que los que tienen que disculparse en realidad son los demás.
La humanidad se ha pasado millones de años sin internet y no le importó eso nunca. Nuestros padres, abuelos y antecesores incluso yéndonos muy atrás en el tiempo hasta Lucy, aquella chica africana de hace millones de años a la que por casualidad le pusieron el nombre de una canción de los Beatles, vivieron sin internet. Y sin internet pasaron de la Edad de Piedra a la del Bronce, escribieron el Quijote, pintaron la Capilla Sixtina, descubrieron América, se sacaron de la manga un buen día la revolución industrial y llegaron hasta a la Luna. Esos son los tipos sin internet.
Sin internet hemos tenido a Aristóteles, Sócrates, Platón, Alejandro Magno, San Mateo, Shakespeare, Mozart, Darwin, Newton, Bach, Velázquez, Copérnico, Madame Curie, Kant, Marx, Albert Einstein…
O Ray Charles, que se decía ciego el muy zorrillo. ¿A quién quería engañar con eso el caradura gafas oscuras de Albany?, todos sabemos que no era ciego: veía la luz mejor que nadie, con una música celestial y angélica.
Por eso no nos creemos nada ya.
Aunque hoy la IA y tipos sin escrúpulos la financien con millones de dólares y viajes a Marte, una buena idea de todas formas, e intenten convencernos de que es verdad lo que no es verdad. Y no.
Muchos que llevamos internet en el bolsillo desde hace tiempo estamos más desescamados que un congrio antes de entrar al horno.
Pero ¿qué más da? Nos van a cocinar igual.
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