Fernando Ramos
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Yo creo que si las cosas van funcionando, aunque sea a trancas y barrancas, es porque la gran mayoría de la gente no es, no somos, intransigentes, no somos fanáticos, no estamos completamente seguros de que nuestros postulados sean los únicos verdaderos; tenemos nuestras creencias, tenemos nuestros gustos, nuestras preferencias, pero estamos dispuestos a escuchar otras opciones, respetamos a los que tiene otras opiniones, al contrario de lo que estamos acostumbrados a soportar todos los días a ciertos personajes que, pase lo que pase y hagan lo que hagan, no cambian de postura, son incapaces de admitir que están defendiendo una injusticia, que se han equivocado, ya no digamos que nos den alguna esperanza de que algún día puedan pedir perdón, nada, nada, siempre lo mismo con el “no pasarán” de turno, sin pestañear, sin dudar.
Tanto a nivel nacional como internacional, vemos, mejor dicho padecemos, las consecuencias de las acciones de estos fanáticos. Da igual que hablemos de Putin o Netanyahu, son incapaces de pararse un día y preguntarse si lo que están haciendo, o mejor, destruyendo, es la única alternativa, de si se puede hacer algo distinto. No, siempre igual, no dudan ni por un momento.
Por aquí, aunque sea a otro nivel, vemos también que la intransigencia y le terquedad se imponen cada día sin que podamos atisbar que pueda llegar un día en que alguien se pueda preguntar si lo que está haciendo, lo que está defendiendo con tanto fanatismo e intransigencia, es lo justo y lo correcto o, por el contrario, admitir que hay otras opciones, que hay otros proyectos que puedan ser mejores, más justos, más solidarios y más rentables.
Da igual que hablemos de lo que lo que se hace cada día en la Moncloa, en el Parlamento, o en el Ayuntamiento de Ourense, la intransigencia y la terquedad, al mismo tiempo que perdemos la esperanza de que aparezca algún resquicio de cordura y de autocrítica, hacen que nos lleven a un estado continuo de perplejidad y resignación
Estos días, según leo en la prensa, el sr. alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha estado por Madrid dando la vara, supongo que la última vara, a los que todavía pueden hacer algo por sacar adelante su descabellado proyecto de llevar el AVE entre Ourense y Vigo por los deshabitados montes de Cerdedo. ¡Hay que joderse! En lugar del camino natural y habitado por seres humanos de siempre, por el valle del Miño, dando un ejemplo de hasta dónde puede llegar la cabezonería y la intransigencia que le impide ver que esta opción, además de cara, carísima, a los únicos que pueda beneficiar es a los que tengan perforadoras de túneles y constructoras de viaductos, pero no a los ciudadanos que quieran viajar en tren.
Tal vez sea este el único objetivo, ¡gastar más de 2.500 millones de euros! ¿Cuántos millones lleva tirados ya en estudios de viabilidad de esta locura?
En unas declaraciones de este, por otro lado, buen alcalde de Vigo, le escuché decir que Alberto Núñez Feijóo no quería que el AVE llegara a Vigo. No, sr. Caballero, Alberto Núñez, como la mayoría de los ciudadanos, quiere que el AVE llegue a Vigo lo antes posible, pero por el buen camino.
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