Jorge Vázquez
SENDA 0011
Lo que no se cuenta en el escenario
Se quiera o no, el idioma que hablamos contribuye a definir quiénes somos. Las numerosas lenguas que hablan los 500 millones de ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea (UE) se distribuyen por todo el continente formando un vasto mosaico.
Cada vez que un nuevo país pasa a ser miembro de la UE, la lengua nacional de ese pueblo se convierte normalmente en lengua oficial de la Unión. Esta decisión la adopta siempre el Consejo de Ministros y con ello se garantiza, naturalmente, que todos y cada uno de los ciudadanos de la UE puedan usar en todos sus contactos con la Unión y sus instituciones el mismo idioma que emplean en sus relaciones con las autoridades nacionales de su país. Sea como sea, todas las versiones lingüistas de una ley tienen el mismo valor jurídico.
El ingreso de los doce nuevos miembros entre 2004 y 2007 aumentó más del doble el número de lenguas oficiales, de 11 a 23. Esta circunstancia obligó en 2007 a la Unión a introducir el multilingüismo como nuevo ámbito político. Sus objetivos consisten en promover el aprendizaje de lenguas, garantizar que los ciudadanos tienen acceso a la Unión en su propio idioma y aprovechar plenamente la contribución del multilingüismo al desarrollo económico social, cultural y político de la Unión Europea. Ello desde luego es bueno por cuanto no se eliminan las características nacionales o regionales. No procediendo sustituirlas por una uniformidad europeas como se ha venido afirmando, largo y tendido, en algunas críticas sobre el particular. Y que estaban, a nuestro entender, fuera totalmente de lugar. Para protocolizarlo en su día, conviene conocer las raíces lingüistas correspondientes.
El lenguaje de la Unión Europea tiene raíces muy diversas. La mayoría forma parte del vasto grupo indoeuropeo, cuyas principales familias son la germánica, la eslava y la celta. El griego y las lenguas bálticas lituana y letona son también de origen indoeuropeo, aunque no pertenecen a ninguna de estas ramas principales. El húngaro, el finés y el estonio forman parte de la familia de lenguas finougrias. El maltés, en realidad, esta próxi mo al árabe pero tiene elementos del italiano. La mayoría de las lenguas regionales y minoritarias de la Unión pertenecen a uno u otro de los grupos anteriormente mencionados. La principal excepción es el euskera, hablado a ambos lados de la frontera franco-española, cuyas raíces siguen siendo objeto de investigación por quien corresponde.
No obstante, la noción de lengua minoritaria no solo se refiere a las lenguas menos utilizadas, como las lenguas sami en Laponia o el bretón en el oeste de Francia, sino también el uso de las lenguas oficiales de la UE que son habladas por una minoría en otro Estado miembro -como sucede con el alemán en el norte de Italia y con el húngaro en Rumanía y Eslovaquia-.
Por su parte, el ingreso de los países bálticos con minorías rusoparlantes ha añadido una nueva categoría de lengua minoritaria, que es la lengua nacional de un país no perteneciente a la Unión, precisamente.
Las 23 lenguas oficiales de la UE son: alemán, búlgaro, checo, danés, eslovaco, esloveno, español, estonio, finés, francés, griego, húngaro, inglés, irlandés, italiano, letón, lituano, maltés, neerlandés, polaco, portugués, rumano y sueco.
El gallego, el vasco y el catalán tienen estatutos de lengua oficial en España, lo que significa que determinados textos comunitarios son traducidos desde y hacia esas lenguas, con cargo al Gobierno español.
La Unión Europea tiene hoy menos lenguas oficiales que Estados miembros. Esto se debe a que Alemania y Austria hablan el mismo idioma, Grecia y Chipre comparten el griego, y Bélgica y Luxemburgo tienen lenguas comunes con sus vecinos franceses, alemanes y neerlandeses. El resultado, es de 23 lenguas oficiales para 27 países.
Y, para terminar, manifestar que estamos totalmente de acuerdo con el 63 por ciento de los europeos que considera que las lenguas regionales y minoritarias deberían recibir más ayuda en todos los aspectos, en especial en la parte crematística.
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