Julián Pardinas Sanz
Las gafas de género
Tratar de vincular la celebración de un congreso de balneoterapia con el desacostumbrado y emergente término de ecosistema termal, tal cual reza el título del presente artículo, bien pudiera parecer una mera pretensión retórica sin mayor transcendencia que llamar la atención del afable lector. Nada más lejos de la realidad, cuando menos en esta ocasión, aunque tal manera de proceder merezca, no obstante, una cumplida explicación para no caer en la banalización del esforzado quehacer de la comunidad académica universitaria. Vaya por delante, desde un principio, que el II Congreso Internacional de Gestión de la Balneoterapia, presentado el pasado jueves en la Facultad de Empresariales y Turismo de Ourense, se ajustará a los estándares científicos habituales de una actividad de esta naturaleza. Por tanto, los asistentes al mismo podrán disfrutar de las consabidas conferencias, mesas redondas, ponencias y comunicaciones propias de un encuentro entre investigadores interesados en divulgar y contrastar sus aportaciones al campo de la balneoterapia y de su gestión. Con la particularidad, en este caso, de focalizar el análisis y pertinente debate en torno a tres aspectos centrales de la cuestión, la innovación, la salud y el territorio, todo ello sin perder de vista el reto demográfico que afronta la sociedad de nuestro tiempo.
El buen hacer de los investigadores es vital en el éxito de un congreso
Pero, con tal pretensión, el referido congreso parte del reconocimiento expreso del carácter multifuncional de los recursos termales y de la consecuente diversidad de potencialidades de aprovechamiento sostenible de los mismos, aceptando sin discusión la esencialidad de las aplicaciones terapéuticas y, de igual forma, la complementariedad entre usos. De ahí que resulte congruente abordar un amplio abanico de ámbitos temáticos y prestar especial atención a la concepción de la salud como estado de completo bienestar, cuyo logro requiere tanto la prevención como la curación y la rehabilitación de enfermedades y dolencias, en buena medida de la mano de la balneoterapia. Un tema de plena actualidad desde el punto y hora en que la recomendable incorporación de los tratamientos hidroterápicos a la cartera de prestaciones de nuestro Sistema Nacional de Salud ocupa parte de la agenda institucional y, por tanto, bien merece una sosegada reflexión en foros académicos.
Realizadas las anteriores observaciones es inmediato deducir que la pretendida organización de un congreso de balneoterapia, cuando menos por estos pagos, transciende el marco convencional de una actividad científica al uso. Disponer del Campus Agua, detentar la Capitalidad Termal de Galicia, conformar una provincia dotada con notables infraestructuras balneares y ser sede de Termatalia, amén de otros considerandos, contextualizan la iniciativa en curso y obligan a buscar fórmulas de partenariado entre los agentes públicos y privados que articulan el ecosistema termal. Porque, si bien es cierto que el buen hacer de los investigadores es vital en el éxito de un congreso, no podemos pasar por alto que la huella que sus aportaciones y debates acuñen en el territorio vendrá condicionada por la capacidad de dar respuesta a las necesidades y demandas de los operadores del entorno.
Es más, en la medida en que aspiramos a una mayor proyección internacional y perseguimos que nuestro hecho diferencial, es decir, nuestra riqueza hidrotermal, contribuya decisivamente al desarrollo socioeconómico de Ourense y, por extensión de Galicia, huelga decir que la operatividad y el sentido común obligan a extremar la cooperación institucional al efecto. Y no hago alusión con esta reflexión a la necesaria financiación del evento congresual en ciernes, como algún atento lector pudiese pensar. Voy mucho más allá de esa espontanea consideración. Entiendo que, vista la experiencia acumulada con anteriores iniciativas, solo avanzaremos decisivamente como sociedad preocupada por el bienestar colectivo si somos capaces de aceptar que construir el futuro es tarea de todos, cuando menos de aquellos con responsabilidades ante los ciudadanos.
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