Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
Las hierbas vagabundas de la cárcel vieja
DEAMBULANDO
Tales las de la llamada raia seca, dicha así por no ser interpuesta por cauces. Así si te desplazas por esos indescernibles lindes que mas notables se harán cuando te halles en Portugal, un país de acusada idiosincrasia, que por diferente y por más pacífico se tiene. Sin el rumor de unas cafeterías donde el barullo inexistente, ya nos marca la diferencia de lo ruidosos que somos. Así que de permeables fronteras tan útiles en esta Europa comunera, aun da para encontrarte en otro país, como si el viaje cundiera, aunque solamente dé para unas transfronterizas horas.
El día no daba para vistosos vuelos de parapente en el Larouco, con un cortante nordeste, en esa sierra excepcional para esta práctica, que compartimos en su mitad con Portugal"
Montalegre es esa villa con castillo allende la frontera límica, que nos evoca a nuestro Montealegre donde la e sobra en este municipio, antiquísimo poblamiento de esa geresiana comarca llamada do Barroso por el color de sus tierras. Fue como de arribada en tan soleada como frígida mañana, poco soportable donde la solaina no se asentaba, a esos mil metros de altitud do se halla la villa que en la edad Media erigió poderoso castillo aun en pie y casi íntegro, con un exterior perímetro amurado del que paños restan y una lápida recordando a ese rey protector del lugar, el enamoradizo, casado con la reina santa, Isabel de Castilla, un equivalente e nuestro Alfonso X el Sabio, nieto por cierto de él, que fue Don Dinís, el Dionisio fundador de la primera universidad lusa, la de Coimbra, trovador y autor de libros, uno de los más fecundos reyes. Actualmente se ha consolidado el castillo en su integridad, la torre del homenaje al modo de la de Monterrei, restaurada en su interior y con visitantes ávidos de panorámicas y de sentirse allá en su cima como inexpugnables guerreros del Medievo.
De tan atractivo el castillo que por nadie es obviada su visita ahora que se ha recuperado todo un entorno que luce en el exterior varios aparatos de tortura de la época para que no olvidemos aquellos tiempos idealizados en los que la vida de un siervo de la gleba, plebeya la mayoría de la población, valía lo que se le antojara al señor del castillo, que no digo noble, por esa impropiedad atribuida a ese linaje de opresores de siervos y burgueses en su entorno.
Obligada visita a la pastelería especializada en dulces del país donde aun un café sabe, cuando tan poco los que por acá se consumen. Recuerdo y no años ha, cuando te servían en terraza de cafetería aledaña, un café por la mitad de un euro.
Ir por Montalegre me permite recordar a ese amigo que lo es, José Manuel Arantes, Zé Manel, fotógrafo en ratos libres, ilustrador de libros imprescindibles sobre la fauna del lugar, tomando nota cuando comparte vuelos, él en parapente, con los aguiluchos cenizos o tartaranhâos en las laderas del Larouco, esa montaña sagrada de límicos y barrosianos. Ni tiempo para intercambiar saludos hubo porque él de los domingos retiro familiar hace. Caerse por el Doce Lara es sinónimo de tomar un buen café, pasteles diferentes y ese ambiente silente, muy portugués.
Las sierras de Larouco, Castanheira y Gerês, de tan próximas, como integrando parte de paisaje, donde destaca la prominencia de la villa, donde hasta sobresaliente un minúsculo puente de origen romano, el de Periezes, con restos de calzada, y a barragem de Pissôes o del Alto Rabagâo, ese mar interior que no puede explicarse como reunir puede tal masa de agua de solo escorrentías de las laderas y con un riachuelo, precisamente el Rabagâo que le da nombre, sin ningún otro rio digno de tal nombre que lo alimente; una piscifactoría de salmones en sus orillas, un parque de lezer y camping, y docenas de pescadores de caña desde la presa a la que alzados sobre el techo de sus automóviles, se cree que para atrapar los salmones huidos de la vecina piscifactoría.
El día no daba para vistosos vuelos de parapente en el Larouco, con un cortante nordeste, en esa sierra excepcional para esta práctica, que compartimos en su mitad con Portugal.
El tan manido: “menos mal que nos queda Portugal”, sigue vendiendo, porque, aunque tan próximos, este lugar es diferente y aun la sensación nos da de que nos encontramos en otro país con una marcada peculiaridad.
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