Madres y áureas

LA OPINIÓN

Publicado: 03 may 2026 - 05:55
La atleta Fanny Blankers-Koen.
La atleta Fanny Blankers-Koen. | Europa Press

El mundo de las mujeres es su esposo, su familia, sus hijos y su hogar”. La frase de Hitler resume la teoría de las tres K -Kinder, Küche, Kirche (niños, cocina, iglesia)- aplicada a las alemanas en tiempos del Tercer Reich. Su ámbito era el privado, como proveedoras de cuidados y gestantes de superhombres de raza aria. Sobraban los infrahombres: judíos, gitanos, eslavos y negros. Tampoco querían a las personas con discapacidad, homosexuales o disidentes. Sorprendentemente, un retaco patizambo discurrió que unos Juegos Olímpicos serían la ocasión perfecta para dulcificar el horror y mostrar al mundo la supuesta superioridad germánica. Pero en Berlín 36, todos los tiros le salieron por la culata a Goebbels. Un negro de Alabama le endosó cuatro sopapos de oro al nazismo para derribar todas las patrañas supremacistas y, como un traspaso de poderes, firmó un autógrafo a otra atleta neerlandesa para que rematase su trabajo 12 años después.

Francina Elsje Koen era buena en todo. Tenis, natación, gimnasia, patinaje sobre hielo y esgrima, hasta que le aconsejaron que se centrase en el atletismo. Con 17 ya era plusmarquista nacional y en 1936 su entrenador y futuro marido, Jan Blankers la animó a hacer las pruebas para Berlín. Se clasificó en salto de altura y el relevo 4x100, consiguiendo dos quintos puestos, aunque su mayor premio fue aquella firma de Jesse Owens.

La maternidad es una revolución. De vida y poder. Un cóctel de oxitocina, prolactina y estrógenos que confiere dosis de fuerza, coraje y resiliencia sobrehumanas.

Poco después cayeron sus primeras medallas internacionales y su nombre sonaba con fuerza para Helsinki 1940 y Londres 1948. La Segunda Guerra Mundial suspendió ambos eventos y la vida de Francina continuó. Se casó, tuvo hijos y, entonces, la prensa la enterró. Aseguraron que estaba acabada y se equivocaron con rotundidad. Batió récords del mundo, siguió sumando títulos y se clasificó a los Juegos de Londres de 1948, más de una década después de su primera comparecencia olímpica, con 30 años, dos hijos y, supuestamente, embarazada de 3 meses.

El director británico, Jack Crump, dijo que era “demasiado vieja”. La prensa fue un clamor señalándola como mala madre. Y a su buzón llegaron multitud de cartas exhortándola a no correr.

Fanny Blankers-Koen ya no era la niña Francina y, desde el estatus de madre, desafío a la sociedad trasnochada de los 40 como lo había hecho su ídolo negro. Como él, la “ama de casa voladora”, bautizada así por los mismos folletines que le exigían quedarse en casa atendiendo a sus hijos, ganó otros cuatro oros. 100 y 200 lisos, 80 vallas y relevo 4x100. Y no fueron más porque a las mujeres no se les permitía participar en más de tres competiciones individuales. Historia de la emancipación.

En Los Ángeles 2028, se cumplirán 80 años de la hazaña de Blankers-Koen. Para esos Juegos se prepara Allyson Felix, la atleta más laureada con once metales olímpicos. En 2018, Nike quiso reducir su contrato un 70% y amenazó con rescindirlo si bajaba su rendimiento tras dar a luz. Ante el agravio, creó su propia marca de zapatillas y la multinacional acabó modificando sus cláusulas discriminatorias. Ahora, con 40 años y dos hijos, ha decidido regresar para seguir despertando conciencias.

La maternidad es una revolución. De vida y poder. Un cóctel de oxitocina, prolactina y estrógenos que confiere dosis de fuerza, coraje y resiliencia sobrehumanas. Que nunca nadie os diga qué es lo que podéis hacer, porque todos los días, deberían ser para vosotras.

@jesusprietodeportes

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