Aquel paraíso sin hoteles

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 19 abr 2026 - 04:10
Opinión en La Región.
Opinión en La Región. | Alba Fernández

Llego a mi garito, veo que todos mis amigos están exaltados. Venga a hablar de Oriente Medio y de la corrupción. Entro yo. “Ayer estuve con un chico del lado oscuro que quiere entrar en prisión, dice que la vida en la calle está muy jodida. Le recité este poema de Amando Nervo: ‘La ardilla corre / La ardilla vuela / La ardilla salta /como locuela / Ven ardillita, / tengo una jaula / que es muy bonita / No, yo prefiero / mi tronco de árbol / y mi agujero”.

“Viene a cuento aquel dicho: hubo un tiempo en que una ardilla podía atravesar España desde los Pirineos hasta Tarifa, de árbol en árbol sin pisar el suelo”. Hago una pausa, me miran perplejos, doy un trago y les espeto: “Hoy la ardilla podría atravesar España desde los Pirineos a Tarifa sin pisar el suelo, saltando de corrupto en corrupto”.

Se ríen mis contertulios. Me dice el pintor: “El otro día escribiste sobre Formentera. Contaste que en los 70 habías ido con una escritora de éxito. Nos dejaste intrigados. Venga, cuenta”.

Lo contaré, a estas alturas no creo que a ella le importe. Ella es Isabel San Sebastián, que entonces venía de Chile y estaba cercana a Allende. Ay, aquel presidente que, acosado en el Palacio de la Moneda, cuando las bombas caían a metros, dijo: “Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”. La gente cambia. Ahora Isabel está más cerca de Vox…

Cierto que como novelista histórica es brillante. Te recomiendo “La temeraria”, un libro crudo que nos muestra a la olvidada reina Urraca, así llamada por su carácter indómito y su disposición al riesgo.

Pero volvamos a Formentera. Verídico. Éramos jóvenes. Antes de irnos a la isla, me dice Isabel: “Ven conmigo a una cafetería de Goya, mi padre quiere echarte un vistazo”. Enamorado como un tonto, allá fui. Te juro, sentí que unos ojos me observaban desde una mesa discreta.

Allá nos fuimos. Casi coincidimos con la banda King Crimson. Vivieron en la isla y la inmortalizaron con Lady Formentera: “Los chicos bailan al sonido del tambor. Aquí Ulises quedó encantado por la magia de Circe. Aún perdura su perfume, aún perdura su hechizo”.

Ya conté, había camadas de americanos que rompieron las cartillas de reclutamiento para no ir a Vietnam. Cubría la isla una extraña paz. Los nativos acogieron bien a aquella generación de gente pacífica y espiritual.

La historia se repite. Llegaron los hombres de negocios. Compraron sus tierras, edificaron ostentosos hoteles. Corrió el dinero. Pronto los nativos cambiaron su mirada mística por esa ávida mirada del lucro. Los isleños les dieron una patada en el culo a aquellos chicos soñadores.

Cuando llegamos Isabel y yo, la isla era un sueño. Sólo había un hotelucho de mala muerte llamado “Fonda Pepe”. Aquellos jóvenes comenzaron a cultivar la tierra, aprendieron de las lugareñas a hacer quesos. No había un automóvil en la isla. En la noche sonaban los tambores en las playas.

(Hay que joderse, yo le había contado mucho de Formentera a mi sobrino futbolista Jaime. Quien me lo iba a decir. Los dioses lo enviaron a jugar una temporada allí. Él me dijo: “Fui feliz en la isla. El hechizo del que me hablaste me atrapó. Recogí una tortuga bajo una higuera y fue mi mascota”.

El poeta escribió “Lo que amas perdura”).

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