De lo que se reirían nuestros ancestros si nos viesen

COSAS QUE NO CONVIENEN

De lo que se reirían nuestros ancestros si nos viesen
De lo que se reirían nuestros ancestros si nos viesen | @txarka.ilustracion

1 Contar los pasos. A los antiguos les parecería absurdo medir lo que el cuerpo siempre supo hacer solo. Nada más idiota que hacer del caminar una contabilidad inútil. Una desconfianza de nuestras benditas piernas, que, como especie, nos han permitido caminar erguidos.

2 Las 40 horas semanales. Los antiguos se reirían al vernos castigados como colegiales, en oficinas-granja de luces blancas o, quizá peor, cubículos enrollados con cátering macrobiótico y sala de juegos. Miles de años de evolución y tecnología para esta pantomima disciplinaria.

3 Alarmas para beber agua. Si nuestros ancestros descubriesen que llevamos aparatitos en la muñeca para recordar que tenemos que beber agua, probablemente nos matarían a pedradas. La sed es una vital señal física. Lo siguiente será no controlar los esfínteres.

4 Monitorizar el sueño. Sería difícil para nuestros antepasados comprender el trastorno del sueño de una humanidad trastornada, neurótica e histérica. Harían una pedorreta infinita ante los gadgets, pastillas, métricas y cifras con las que se obsesiona esta civilización de infelices.

5 Hablar con la IA. No entenderían que hayamos delegado la palabra, el relato y el consejo a una entidad sin cuerpo creada por la mano mortal del hombre, que es apenas un reflejo de dios. Les parecería obsceno conversar con una paparrucha sin biografía, que miente más que habla y se jacta de robarnos la capacidad de hacer arte.

6 La comida de plástico. La humanidad anterior se llevaría las manos a la cabeza ante el veneno cotidiano de los hiperprocesados: envases coloridos llenos de nada que no alimentan, comida sin tierra ni tiempo que nos hace enfermar. Nada más corrupto que la industria alimentaria que contamina la tierra y los ríos fabricando tóxicos digeribles.

7 Vivir en cemento. Si un humano anterior examinase estos edificios de hormigón, PVC y demás sustancias letales, con muebles de plástico y suelos de polímeros cancerígenos, huiría a su cobijo vegetal y maldeciría la oponibilidad del pulgar que un día nos permitió fabricar herramientas y agrandar el cerebro.

8 El gobierno de los coches. Como aquel monje budista al que subieron a un rascacielos para que se maravillase de la civilización de la tecnología, los antiguos también llorarían desconsoladamente al comprobar que vivimos entre ruido, violencia y smog.

9 Comprar como si no hubiera un mañana. No comprenderían esta caza sin hambre, esa ansiedad de tener y acumular como criaturas desquiciadas llenando despensas, armarios y corazones para no estar nunca satisfechos y así celebrar cada día un nuevo fin del mundo.

10 La gente en el gimnasio. Los que viniesen del pasado se sorprenderían al ver todos esos cuerpos en salas cerradas con espejos, la mayoría tatuados con estupideces, levantando hierros sin propósito mientras rehúyen de los esfuerzos que sí sostienen la vida.

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